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jueves, 16 de diciembre de 2010

Días de nieblas y felicidad

No se por dónde empezar: llevo muchos días fuera de internet. Los problemas que parecían ligeros y fáciles de solucionar, se conviertieron en un alud de malas prácticas por parte de las compañías telefónocas involucradas y en inmovilismo o exceso de credulidad por parte de nosotros (mi esposo y yo). Al final, escribo hoy desde un apartado lugar, en una biblioteca extraña y minimalista de un pueblo vasco, donde reside mi hermana. Llegué hace unos 3 días, acompañando a mi padre que pronto volverá a Cuba. No voy a hablar de ello, pues eso conllevaría airear problemas de familia que no interesarán a nadie.
  Lo que más me gusta de este  pueblito es que el templo que preside la plaza central siempre está abierta: a cualquier hora puedes ir a visitar al Santísimo, hablándole tranquilamente de tus problemas, ideas, sueños y esperas. Sin apuros y rodeada de una belleza sobria, si el barroco puede serlo.
El invierno es rico por acá: muy frío pero se te quita el asma del tirón, así que toso poco y me asfixio menos. Lo único que extraño es a mi maridito y  mi madre que han quedado en Huelva. Y mis paseos en bici, of course....
Estos días previos a la Navidad son bellos, llenos de esperanza y en el Señor: le pido que entre en mi corazón y lo cambie, que arrase con lo feo que guarda y lo llene de ilusión. Hoy recuerdo mucho a los que están lejos,  amigos, familiares y conocidos. A los que perdí en el camino y no he logrado saber de ellos, como mis amigas Marlén y Dariela, o a los que sé que sólo veré en un lugar lejano y desconocido. Hay felicidad y niebla a la vez en mi vida, pues estos días me siento así: sólo la esperanza que deposito en Dios me sostiene en alegra. El ser humano es difícil.

domingo, 17 de mayo de 2009

Cosas de niños

No se por qué recuerdo esto ahora, en este mismo instante. A veces los recuerdos se agolpan y no puedes distinguirlos; otras, como ahora, te asaltan con toda la frescura de unas neuronas sobre las que no parece haber pasado el tiempo.

Me explico: cuando éramos niñas vivíamos en un edificio de cuatro plantas; nuestro piso era el segundo. Nuestra habitación daba a un solar de unos vecinos que se dedicaban a hacer ruedas de carretas y nosotras (en aquellos tiempos que rememoro sólo estábamos mi hermana mayor y yo) les llamábamos "amigo", aunque eran dos hermanos, no les distinguíamos por sus nombres o caracteres físicos: sólo eran "los amigos". Pero no voy a hablar de estos singulares personajes de mi infancia.
Como la cama era grande y compartida, nos pasábamos horas enteras acostadas, mirando las nubes y los árboles por las ventanas y jugábamos a descubrir formas ocultas en ambos elementos naturales.. Era un entretenimiento sencillo pero eficaz, porque en ese tiempo ni siquiera hacíamos bulla.
Y veíamos muchas cosas en las nubes: caras de personajes de los libros que leíamos (en una ocasión llegamos a ver a Sherlot Holmes), animalitos del bosque de Blancanieves, brujas con escobas y todo, y animales feroces de todo tipo: leones, panteras, dragones (mis preferidos), elefantes (por supuesto: todos como Dumbo).

Y he aquí que he encontrado unas imágenes singulares y bellísimas de nubes:






lunes, 27 de abril de 2009

El "Período Especial".


Hace un tiempo que venía rumiando esta entrada porque me apetecía hablar de un período de mi vida en Cuba, pero no sabía cómo abordarla y hete aquí que, hablando con mi esposo, sale a relucir el tema.

Creo que todos recordarán por acá (aunque sinceramente, no se qué repercusión tuvo en la sociedad española) los años 80 en los países del bloque comunista del Este, pues fue un período plagado de "perestroicas" y recapitulaciones en todas esas sociedades "igualitarias" (sólo de nombre, porque después se vio cómo vivían los dirigentes comunistas).

Pues bien, en esa época, Cuba empezaba una nueva etapa llena de incertidumbres e interrogantes. Yo estaba en la universidad, apenas empezaba, y fue en esos momentos que se le ocurrió a Jimmy Carter abrir la mano y comenzar a dejar entrar en Cuba a los famosos Maceítos, primero, y después a los que llevaban 20-30 años sin poder entrar en la isla.

Así las cosas, ya empezábamos a saber (mi generación ignoraba casi todos eso productos hasta entonces) qué era un chicle, qué era la pasta Colgate, el jabón Maja y Henno de Pravia y, sobre todo, qué era un pituza (vaqueros, simplemente que los cubanos le cambiamos el nombre a todo).

Como podéis suponer, al final el "Fifo" cerró el grifo años después porque nos comía el "diversionismo ideológico". Cuando en el año 89-90 cayó el Muro, se cayeron del burro los Jaroselski, había muerto unos años antes, creo recordar, el camada Brezniez y le sustituyó Gorbachov con su glaznov, la cosa se puso "fea" de verdad en mi país: comenzó el Período Especial.

Los cubanos que pasen por aquí lo recordarán: 3 (tres) huevos/persona/quincena; un kilo de azúcar/mes; dos kilos de arroz/mes; leche sólo por debajo de los 7 años; carne sólo para los enfermos y una larga lista de privaciones, entre las cuales, la que más me dolía era la falta de todo tipo de detergente. Ni jabón de baño, ni de lavar ni de fregar. Recuerdo que en mi pueblo de adopción, Bahía Honda, estuve un mes entero bañándome con agua "para pelar pollos", esto es: hirviendo, por el complejo que tenía de apestar como un cosaco, pues me pasaba todo el día visitando pacientes o trasladándome al trabajo en una bicicleta y ¡no vean lo que se suda!

Sobre el año 91-93 cayó sobre nosotros, cual plaga bíblica, un hambre que no tuvo comparación con otros períodos de la historia reciente. En el pueblo comenzaron a desaparecer las aves, se comenzó una matanza ilegal de ganado (el poco que había, que era de los campesinos casi siempre) sin precedentes y llegó el momento de los felinos...sí señores, me refiero a los gatos, esos animales independientes y callejeros, peluditos y muchas veces, gorditos. En una ocasión hicimos un "enchilado" de conejos y se que comimos gato, lo que pasa es que no se podía distinguir. Y como lo que no mata...engorda...

Voy a poner una foto de una de las carnes que aprendí a comer en ese período. Es un animalito salvaje llamado jutía. Las hay de varios tipos, yo no las distingo; me las levó, congeladas, una paciente que vivía en las montañas. La pobre, me preguntó en la consulta si me gustaban y yo, por no hacerle el desaire, le dije que sí. A la semana siguiente se apareció con dos bichos enormes, congelados, con las cabezas y las garras aún (son como ratas gigantes) y yo tuve que saltar de alegría (lo que saltaba era de la impresión; pero ella se fue muy contenta). La verdad es que no podía rechazar nada de carne porque tenía una anemia que me estaba matando y pesaba 49 kilos (en 178 cm de altura). Era algo así como el muñeco de Fido Dido, en versión femenina.

Una vez ablandadas en la olla de presión y muy condimentadas (el que haya comido carne de caza sabe que es muy fuerte) invité a mis compis de la guardia y nos dimos una buena panzada. Así que resultó una bendición de Dios el regalo de la paciente.

Ahí van las fotos. Pueden encontrar muchas páginas en el Google que hablan de ellas:






Estas estan en libertad, las de abajo las saqué de una página que las vende como mascotas.







lunes, 16 de febrero de 2009

Cositas desde Cuba.


Mi amiga Zule desde Cuba me ha mandado unas historias muy divertidas y aleccionadoras sobre el origen de muchas palabras, frases y tradiciones de nuestro país y, como siempre, quiero compartirlo con los que me visiten.

El origen del "Fufú de plátano":

¿Han comido alguna vez "fufú de plátano"?. Según Don Fernando Ortiz, el gran investigador ydel folklore cubano, durante la dominación inglesa en Cuba, después de la toma de La Habana, entraron muchos esclavos llevados por los ingleses. La comida que normalmente se daba a los esclavos era plátano hervido y machacado y se cree que esa forma de comerlo venía de Ghana y Sierra Leona. Los negreros ingleses acostumbraban a decir "food, food, food" (comida, comida, comida), cuando repartían las raciones a los esclavos; de ahí que éstos comenzaran a darle el nombre de "fú-fú".

Este plato se conoce en el Caribe y en algunos lugares del oriente cubano, como machuquillo, matajíbaro, mofongo, en Puerto Rico, y mangú, en República Dominicana.

Como habrán muchos que no saben la receta, se las doy: coges el plátano (verde o pintón), y lo hierves con agua abundante y sal. Después, al ablandarse, lo sacas y machacas, como si de un puré de patatas se tratara. En mi casa se aderezaba con manteca de cerdo, que es riquísima para esos menesteres. Pueden encontrar los plátanos específicos para esta receta en muchas tiendas de latinos, pues los que se utilizan no son los canarios o de postre o dulce, como les decimos allá. Estos plátanos los pueden encontrar con el nombre de "plátano macho" o "burro".

Si alguno se decide, que me ponga un comentario a ver qué tal le ha ido el experimento culinario.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

San Lázaro de Cuba.

Hoy es un día grande para los cubanos: celebramos la Fiesta de San Lázaro. Uno de los santos más venerados del panteón cubano, procede, sin embargo, del sincretismo religioso dado desde la época de la conquista y colonización; pero sobre todo, desde la introducción de los esclavos en nuestra isla. Para el que quiera ahondar en esta tradición les remito a una página muy documentada http://www.guije.com/, donde se pueden leer artículos de renombrados estudiosos cubanos sobre esta materia. El Santo a que hace refenrencia el Santoral hoy, es un obispo y se representa con mitra y mantón adecuado a su jerarquía. El nuestro es un humilde y pobre hombre, con las piernas yagadas, con muletas y acompañado de dos perrillos que le sirven de compañía y le lamen las heridas. En la religión yoruba se le invoca por el nombre Babalú Ayé (ni idea de lo que significa, así que ya pueden usar el Google).

Yo sólo quiero hablar de lo que se de mi propia experiencia. Creo que no hay un cubano que no haya ido al Santuario, que se encuentra en un lugar llamado El Rincón. Allí se veneran varias estatuas y al lado está el Leprosorio Nacional, atendido por monjas y médicos voluntarios, todos católicos, que dan su tiempo y esfuerzo para ayudar a las personas aquejadas de esa terrible enfermedad.

Desde el día 15 de Diciembre las calles se colapsan, pues se llenan de pagadores de promesas y vehículos de todo tipo. Por lo que he visto aquí, en Huelva, el desfile de gente hacia el Santuario, bien podría compararse con la salida de las hermandades del Rocío.

Los que van a pagar promesas al santo se visten de saco o yute, reflejando la pobreza y la humildad de su espíritu y muchos van de rodillas, con cadenas atadas a los pies, con flores en las manos. Los regalos son de diferente naturaleza: dinero, oro, cadenas de todo tipo de metal, objetos de culto, comida. Todo lo que se recauda ese día sirve para el sostenimiento de los enfermos, sus tratamientos (muy caros, hay que decirlo) y el del Santuario en general.

Yo, como buena cubana, le pedí por mi salud cuando estaba en el sexto año de mi carrera (me habían diagnosticado una Artritis Reumatoide y había perdido muchas clases) y le prometí que le llevaría el primer sueldo que cobrara como médico si me ayudaba a aprobar con buenas notas, por supuesto. Él me ayudó y yo fui rauda y veloz, montada en una máquina, primero y, después en un cabriolet salido de no se qué época. Mi madre me acompañó, porque esa es una veneración que ningún ismo que pase por Cuba logrará eliminar del corazón de los cubanos, y compramos flores y velas moradas o malvas y las encendimos en su presencia. Recuerdo que yo, al no saber rezar le dije: "Aquí te pago mi promesa, gracias por la ayuda". Nos quedamos un rato y nos marchamos.

Desde entonces le miré con otros ojos y le venero todos los 17 de Diciembre con una oración y
una vela encendida frente a una pequeña figura que me traje de Cuba, allá por año 95.





Aquì se pueden ver parte de las imágenes que hay dentro del Santuario, cuya imagen es la central. Espero que los cubanos que lean este post recuerden sus orígenes y a los que no lo sean, les sirva para aprender algo más sobre la cultura y tradiciones cuabanas. Saludos a todos.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Día de la Constitución,


Bueno, no quiero escribir extensamente del tema, pues ya habrán muchos blogs verdaderamente eruditos que lo hagan. Yo sólo voy a contar mi peripecia al jurar la Constitución. Como ya saben, soy cubana, a los seis años de casada pedí mi nacionalidad, yo creía que lo merecía por trabajar y pagar mis impuestos, pero, sobre todo, porque me siento española. Yo estoy muy aplatanada y mi familia española me ha ayudado mucho a ello. Así las cosas, hablé con dos amigos que me conocen bien y saben de mis sentimientos para que hicieran de padrinos. Sonia, compañera de trabajo y mi amigo del alma, hoy fallecido, Agustín. Ellos fueron conmigo cada vez que hizo falta y firmaron todos los papeles que les pusieron por delante (que fueron muchos).

Después de dos entrevistas con el CNI (¡que importante!), me llegó un día de diciembre, la carta de aprobación, con las instrucciones de dirigirme al Registro de mi ciudad, donde me harían jurar la Constitución. Cuando leí esas palabras comencé a elucubrar el juramento y todo lo que lo rodearía. La foto del blog está tomada ese día: un vestido blanco, con una banda de seda negra a la cintura y una rebeca tejida, negra (monísima!!). Obligué a mi esposo a llevar la cámara, llevé mi Biblia Latinoamericana en el brazo y por poco llevo una grabación del Himno español. Cuando llegué al Registro, las chicas, que son muy amables, me dieron asiento y el notario me leyó las partes en que me comprometía a ser una buena ciudadana y la renuncia a mi nacinalidad cubana. Cuando llegó mi parte de la firma y el personal me vio sacar mi Biblia y pedirles que se pusieran para tirarme la foto, se hecharon a reír y con la guasa, se diluyó mi ilusión. Así fue cómo terminé firmando y despidiéndome sin más. Mi esposo me lo dijo (por supuesto, no pudo desaprovechar la oportunidad): Te lo dije, que aquí no es como en los EEUU o Cuba, allí se respeta mucho la Constitución y la bandera.

Pero aunque no lo hice en público, sí juré defender la Constitución y la Bandera, como símbolos de una Patria a la que quiero Única e Indivisible, crisol de identidades y regiones, bella y agreste, seca y fluvial, en fin: España, la Madre Patria recordada por los cubanos desde siempre.


Y para terminar, cómo no, un poema de Martí:


Para Aragon en España

tengo yo en mi corazón

un lugar todo aragon

franco, fiero,

fiel sin saña.


¡Feliz Día de la Constitución hermanos!

martes, 25 de noviembre de 2008

¡Ya tengo mi teclado!

Anoche se adelantaron los Reyes Magos y me han dejado un teclado (u órgano) ¡Estoy muy emocionada! Cuando tenía ocho años mi madre me apuntó en clases de piano, en la Casa de la Cultura de Consolación, pues siempre tuve inquietudes musicales. Dios no me dió una voz bonita ni una especial habilidad para las manualidades (aunque hago scrapbooking, punto de cruz y trabajos de pachtwork) pero me dió manos y oídos para la música. Fuí alumna de María Rosa, una elegante señora a la cual quise mucho y que era muy atenta y didáctica con todos sus alumnos. Aún recuerdo el concierto que preparamos para el fin del curso del 73: estaba tan nerviosa que no saludé al público después de mi actuación. Mis profesores de solfeo eran el maestro Jesús, (padre de Vladimir, mi amigo de clase y travesuras), y la señorita Ofelia Millán (o Milián, no lo recuerdo bien). Después de cuatro años de clases, tuve que abandonarlos, pues las actividades de la secundaria básica me robaban mucho tiempo. No obstante siempre he querido retomar las clases, aunque fuera como una satisfacción personal: me encantaría aprenderme las partituras del Cantoral Litúrgico para alabar a Dios. Así que ya ven: ¡estoy feliz como una lombriz!!!!!


Les pongo una foto del piano en cuestión, como verán no es profesional ni mucho menos, pero el Señor no mirará eso, se fijará en mi esfuerzo para tocarlo. Creo que no es exactamente este, pero se le parece......


miércoles, 30 de julio de 2008

La Milagrosa.



Yo era una niña de Consolación del Sur, en la provincia de Pinar del Río, que por circunstancias de la vida visité desde muy pequeña La Habana. Recuerdo que después que salíamos del Hospital Militar solíamos ir a almorzar a una pizzería que había allá por 52. Nos gustaban mucho los espaguetti y las pizzas de ese lugar, vamos que nos sabían a gloria a mi hermana y a mí. Cerca de allí había un restaurante con especialidades de pescados, donde por primera vez probé las aceitunas. Aunque aquí lo ven algo raro, a nosotros nos gusta echar aceitunas en muchas comidas. El viaje por la ciudad nos llevaba, muchas veces, a pasar cerca del Cementerio Colón, el cual veíamos desde la "guagua" pudiendo admirar la arquitectura tan bonita que desde la gran fachada se veía. Sólo una vez lo visité a pié, siendo una joven ya, y pudiendo ver de cerca los mausoleos, grandes y pequeños, pero artísticos todos. Era un lugar donde se respiraba paz y a la vez se sentía un ambiente turístico muy evidente, pues siempre había visitantes leyendo en las tumbas los recuerdos de aquellos dormidos para la eternidad.


Y ¿por qué recuerdo el cementerio hoy?. Pues porque me ha mandado una foto de La Milagrosa una amiga y no puedo dejar de escribir sobre esa leyenda urbana que derivó en tributo a la maternidad y lugar de peregrinación del pueblo cubano. Cuenta la historia que Amelia era una joven de 23 años cuando murió de parto. El niño tampoco pudo escapar de las garras de la muerte y fueron enterrados juntos en el Cementerio Colón. El esposo, de nombre José Vicente, la visitaba todos los días y al rato de estar hablándole en silencio, le daba tres toques en una aldaba que tenía la tumba, como si la estuviera llamando. Al pasar los años, cuando se debían sacar los restos, se comprobó que ambos cuerpos estaban intactos (incorruptos) y el niño se encontraba entre los brazos de su madre. Más allá de la muerte, parecía decir, he de proteger a mi hijo. Ante este ejemplo tan bello de amor materno, se decidió volver a enterrarles y se erigió en su honor una estatua, de mármol de Carrara (no se si fue encargado por la familia o por el esposo), en la que se ve representada una bella mujer que en su brazo izquierdo sostiene a su hijito y en la mano derecha lleva una cruz latina, como abrazando el sacrificio. El artista José Villalta Saavedra fue el encargado de perpetuar en la piedra la imagen de esta mujer y el pueblo cubano se encarga de mantener viva la memoria con sus visitas al panteón. Reza la tradición que debes dar tres toques de aldaba para que te escuche al igual que lo hizo en su época el amnte esposo. Son muchas las mujeres que le piden el favor de la maternidad o la salud de sus hijos, viendo en ella el ejemplo de aquella Madre Virgen, madre de todos y se puede ver a muchas rezando el Rosario o improvisando oraciones a la vez que se piden gracias.


Tengo la esperanza de que ese pedazo de la historia, la memoria y la arquitectura cubana se mantenga y que muchos puedan seguir visitando el Cementerio de Colón.

viernes, 16 de mayo de 2008

Recuerdos de mi infancia.

A veces me sorprendo pensando en mi pueblo, el lugar donde nací y crecí, y donde viví hasta entrar en la Universidad. Mi pueblo se llama Consolación del Sur, y se encuentra en la provincia de Pinar del Río, a unos veinte km de su capital, del mismo nombre. Era un pueblo muy pintoresco, de geografía llana, pues no habían montañas por allí. De gentes muy diferentes, de todos los colores, diríamos; pero bien llevados. Y como pueblo pequeño que era sus leyendas tenía. Recuerdo que detrás de los edificios donde vivía, había siempre un hombre con una luenga barba, que se paseaba, báculo en mano, dando discursos a todo el que quisiera escucharle. A veces se vestía como los hombres que venían en mi libro de Historia de Roma, con aquellos ropajos que les colgaban y que, en su caso, eran sábanas blancas y otras se quedaba en short o pantalón corto. Le decían Gallo, y con el tiempo supe que padecía una esquizofrenia, pero en la época en que iba a la Primaria, no lo sabía. Se decía que le habían echado una brujería muy mala por un desamor. Y eso nos daba pie para pasearnos por delante suyo gritando: ¡Gallo, Gallo: viva Fidel! o ¡Gallo:viva la Revolución!. Bueno aquello era como ponerle pica pica en los pantalones y según como tuviera el día respondía: unas veces alababa y reverenciaba y otras denostaba y echaba flores por la boca de Fidel, la Revolución y la madre de los tomates. Se pasaba horas dando la respuesta, quizás elaborando el discurso que más le convenciera a él mismo en ese caso. Lo mejor de todo es que, aunque se enfada mucho y de verdad, nunca hacía daño, más allá de unas cuantas palabras que no deberíamos escuchar y eso era todo.

Habían otros personajes pintorescos y curiosos en mi pueblo. Recuerdo a Anchía el practicante, que te cosía las heridas sin anestesia, para ver si tenías "madera". Aquello se convirtió en un rito para mí: era muy traviesa y dada a las heridas, magullones y caídas de toda clase. Así que estuve en varias ocasiones en la cama de curas del Policlínico, apretando los dientes y riendo para ahuyentar el miedo, sabiendo que me cosería sin anestesia, a menos que me "rajara". ¡Uff y eso nunca! Siendo ya estudiante de primer año de Medicina le pedí permiso para practicar con él, inyectando y cogiendo vías periféricas y no puso pegas, lo cual fue algo muy grande para mí en ese momento. Creo que somos muchos a los que cuidó ese mulato cariñoso y dicharachero.

Recuerdo con agradecimiento a mi amigo Be ( Benito) que fue uno de los primero pacientes que tuve para practicar las vías venosas. Era un señor mayor, asmático, que siempre estaba en Urgencias por su enfermedad y que no tuvo miedo de ponerse en mis manos para que le tratara. Siempre me daba consejos acerca de la relación médico-paciente, escuchaba mis ideas y me señalaba los errores. Y cuando yo llegaba al Policlínico me recibía con una gran sonrisa, en su rostro muy negro y curtido, con uno dientes que te deslumbraban por lo blanco y recuerdo, como si fuera ahora, que me decía: "!Salud y prosperidad!". Era una persona conocida por su amabilidad y sensatez, querido por muchos en el pueblo.

En el pueblo había varios médicos, aparte de Ramón, del cual ya hablé, que eran muy conocidos y queridos por su dedicación y conocimientos. Uno de ellos, el Dr Pozo fue mi pediatra muchas veces tuve que visitarle por las enfermedades corrientes de la infancia y era muy amable. Recuerdo que siempre le decía a mi madre que yo era una niña muy activa y era lógico que me cortara, golpeara y hasta me quemara, pues eran muchas las veces que ella salía corriendo conmigo a su casa. También estaba el Dr Pedroso; pero no recuerdo si me trató alguna vez.

Una de las personas que más me influyó, y creo que en mi hermana también, fue el Maestro Tellería. Vivía con su familia junto a nuestra casa y siempre le visitábamos, le llevábamos comida a su gata (siempre había una gata por allí) y nos pasábamos un rato largo en su biblioteca, mirando y tocando libros. Su esposa era una señora alta y delgada, amable y cariñosa, que te hacía pensar en esas heroínas de Dickens, muy serias a la vez que sacrificadas, siempre viendo lo bello de la vida. Sus hijos eran dos muchachos guapos y de muy buen corazón, se llaman Carlos y Pedro (Pelly para todos), siempre nos trataron como si fuéramos familia. Su padre nos enseñó a leer libros considerados proscitos en Cuba, como el Rider Digest y conversaba con nosotras como un igual. Era un educador nato.

Tengo gratos recuerdos de mi infancia, pues gracias a mi madre, que siempre se sacrificó porque tuviéramos una familia, no sentíamos las necesidades como una desgracia, sino como algo que había que pasar y superar. Así recuerdo con nolstalgia la época de ciclones, llena de los olores de los bollitos friéndose, envueltos en almibar, para acompañar el café con leche tradicional. Esos días eran bienvenidos porque , además no íbamos al colegio y eso siempres es motivo de alegría para cualquier niño.

Por eso también recuerdo con gratitud a Eva, la esposa de Lazo, vecinos del barrio y amigos de mi madre, que me acogían en su casa, de lunes a viernes para que yo estudiara "El idioma Ruso por Radio" ("Ruzki izik pa radio"), idioma que me gusta. Y de paso aprendía a tejer a ganchillo.

Ya se que la memoria juega con nosotros y las cosas ocurridas en la infancia se ven con otro color, pero yo creo que nací de fábrica con unas gafas rosas porque la verdad es que así lo viví y así lo recuerdo. Fui feliz rodeada de amigos y conocidos y ahora lo soy rodeada de mis recuerdos y nostalgias.































jueves, 8 de mayo de 2008

Para todos los consolareños que se pasen por aquí y para aquellos que no lo son; pero que se interesen por la cultura cubana: aquí les pongo una foto linda de este pedazo de músico, nacido en mi pueblo, Consolación del Sur. Lleva casi toda su vida en Miami, pues salió con 9 años, no se si de forma legal, lo cierto es que a nosotros nos fue desconocido hasta el boom de su canción "Ya vienen llegando". Esa canción, que lo mismo podías cantar que bailar, se convirtió muy pronto en un himno al que nos adherimos de forma incondicional los jóvenes, ya cansados de desilusiones. A pesar de las muchas prohibiciones del gobierno se escuchaba en las fiestas (guateques), incluso en las actividades de las escuelas en el campo. Recuerdo que mi tio Félix Pérez hablaba de la familia de Willi como una familia trabajadora y buena, pues los conocían muchos por el pueblo. Cuando empezó a triunfar en EU se armó tremendo revuelo, ya lo pueden imaginar: un hijo de este pueblo triunfando en la Meca de todo!!!.A mí me gusta mucho su música, la cadencia suave de su son, todo lo que toca lo hace bien, es muy musical y sus letras no son chabacanas, cosa de la que adolecen muchas canciones cubanas, hechas para bailar. Voy a intentar colgar el vídeo, pero si no puedo, se puede ver en http://www.youtube.com/.

jueves, 1 de mayo de 2008

Amigos consolareños en la diáspora.

Esta semana he recibido una grata noticia de mi hermana pequeña: se ha reencontrado con amigos y conocidos de su infancia y juventud por medio de este blog. Ya saben que somos consolareñas y que hay cubanos hasta en los rincones más insospechados de este mundo, así que nos han escrito, recordando viejos tiempos. Me alegra saber que no se olvidan los orígenes aún estando lejos. Voy a colgar unas fotos de Consolación del Sur y otras creo que son de San Cristóbal, me gustaría que si saben los lugares que son, lo pongan en el blog, pues mi memoria falla mucho en ese aspecto. Hace mucho que no voy por allí.....

jueves, 24 de abril de 2008

Los muñequitos rusos.

No hace mucho entré en un blog, cubano por más señas, en el cual se hacía un recuento de los muñequitos rusos y de otras nacionalidades, que estuvieron presentes en nuestra infancia. La verdad es que a mí, particularmente, me gustaban mucho, incluso ahora me gustan, lo que ha quedado demostrado después de una tanda que me dí durante más de cuatro horas de todos los que encontré. Todos están en Youtube y tienen buena calidad y no puedo sustraerme al deseo de hablar de ellos.
Si la memoria no me falla los que más me gustaban eran Lolek y Bolek, Mashenka y el oso y La princesita rana ( otra traducción, más fiel, era Basilisa la sabia). El tío Stiopa me traumatizó durante un tiempo, pues era el paradigma de comunista y había que parecerse a él por h...
La Familia Frolich era muy popular y creo que adelantada para nuestras mentes caribeñas (ya los alemanes estaban al loro de otras cosas, que a nosotros no nos llegaban). Eran modernos, desenfadados y me parece ahora, que se estaban cansando del comunismo. Había un dibujo que nos gustaba mucho a mi hermana y a mí: un cuento alegórico de la valentía a través de la historia de dos hermanos pastores que se enfrentan al malvado Asdajab ( no se si se escribe así, pues hace mucho de esto). La calidad del dibujo era impresionante para la época, casi como los de Disney actuales.
El riachuelo era precioso, hablaba de la solidaridad entre los animales del bosque para salvar a un riachuelo al que un sapo feísimo atrapa en una charca. La canción de la abejita era graciosa y pegadiza, aún la puedo entonar. ¿Y qué decir de La Pastora y el Desollinador?. Aquello era amor en estado puro aunque con un final al que no nos conformamos nunca.
Me gustaría que aquellos que lean esto me escriban su experiencia con los dibujos de su infancia. Creo que es una forma de rescatar un poco lo que llevamos dentro del niño que fuimos.

La gente de mi barrio.

Muchas veces he pensado en lo que dejé atrás, hace ya trece años; pero si me preguntaran qué es lo que más extraño diría sin vacilar: la gente que dejé allá. Cuba es una metáfora en mi vida y también una nebulosa que cada cierto tiempo veo por el prismático de otros, buscando en el cielo de las noticias aquellas que, supongo, son más verídicas. Con los años he aprendido que el papel aguanta mucho más de lo que parecería a simple vista, si lo pesamos o medimos. Así las cosas sólo escucho la voz de mi memoria y, si a veces lo paso al papel, léase ordenador, es por el miedo a ese Alzehimer que anda por ahí y que cualquier día me pilla, cual moderno hombre del saco.
Ahora y aquí recuerdo la turba de chiquillos que éramos, corriendo detrás de un perro o gato que se perdió en nuestro barrio, persiguiéndoles para experimentar la crueldad, bandera ineludible bajo la cual íbamos todos hasta crecer un poquín más. Los días en el parque comunitario, donde Vladimir y sus tres hermanos colgaban un sapo de una vara y nos asustaban a las niñas (nunca he sabido el miedo, tan generalizado que le teníamos a esos pobres batracios), hasta que llamábamos a las madres protectoras para que "sacaran la cara por una". Y el beisbol o pelota, que muchas veces se jugaba con la cabeza de una muñeca al no tener la bola real. Mi muñeca Dunia terminó sus días de esa forma y yo tan pancha. No se me olvidan las broncas de los chicos, más frecuentes de lo que parece (gracias a Dios siempre acabábamos amigos para siempre), en las que se enarbolaban las armas más insólitas, o sea: lo que tuvieras a mano. Recuerdo un día especialmente duro en que Elizardito me golpeó con un ladrillo en toda la mollera y yo estuve a punto de arrancarle el cuero cabelludo con una lata. Pero lo mejor era jugar a los piratas, al tejo y a los corros, donde participábamos ambos sexos sin complejos, riendo y gritando con toda la fuerza de los pulmones que te da la edad. La pandilla se componía de los tres hijos de Odilia: Juan Carlos, Ernesto y Vladimir. Los de Maruca eran Elizardito y Elizabet. Adela, la hija de Nena y a veces se incorporaban parte de los hijos de Monguito Revolución (tremendo sobrenombre, de hecho nunca supe su nombre verdadero). Nada como la infancia para conjurar los recuerdos más pillos e inocentes.

lunes, 21 de abril de 2008

Carta de gratitud.

Soy de esas personas que no creen en las casualidades; pero sí en que las cosas que te ocurren en la vida vienen en un plan de Alguien que sabe de tí y de tu más recóndito interior. Así me ha pasado con todo en estos 45 años que llevo en la Tierra, como ser alumna destacada, volando por encima de una mala salud. Tener vocación por sanar a otros a partir de ello, luchar por un sueño y conseguirlo, todo tuvo un por qué y una clarividencia que estaba por encima de mi capacidad. El encuentro con Dios también fue de esas cosas que no "debía" ocurrir, dado el medio en que me desarrollé; pero allí puso Dios una persona, a la que no dí nunca las gracias por ello, y que era mi amigo Andrés, Andresito para todos sus amigos. También estuvo con él José Ramón, una de las personas más dulce y buena que he tratado, que estaba con los Hermanos Capuchinos en aquél momento. Ambos me enseñaron la Palabra y me hicieron entrar en un mundo hasta ese momento desconocido para mí. Así me integré en la Parroquia de Bahía Honda, pueblo a donde había sido destinada a trabajar. Era un grupo de católicos magnífico, con unos jóvenes entregados y activos, nadando a contracorriente dentro de una sociedad que ya no tenía un Norte espiritual.
El coro era muy bueno, habían chicas dignas de cantar en un coro de gospel, de esos que salen en las pelis de negros afro americanos. El cura era un Misionero Canadiense, del cual no recuerdo el nombre, pues siempre le traté de Padre: se lo merecía sin reservas. Él me bautizó de nuevo, pues yo quería hacerlo de forma conciente y con él hice mi Confirmación y primera Comunión. Nunca logré cantar en el coro porque el cura decía que si yo cantaba, él perdía a sus feligreses ( porque no me escuchó en Portugal, cantando la Salve Rociera jejeje).

Con Andresito y José Ramón comencé a visitar a los Salesianos de La Habana Vieja, los del Templo de Mª Auxiliadora, sita en Brasil 113, si me acuerdo bien. Allí estaban el P. Bruno y el P. Juan, ambos italianos, salesianos de la cabeza a los pies, que empezaron a guiarme más seriamente para que yo comprendiera la Buena Nueva y la Doctrina de la Iglesia. Y ellos me llevaron ante la M. Sor María Rosa, superiora de las H.M.A. (Hijas de María Auxiliadora), con las cuales pasé momentos inolvidables y a las que agradeceré siempre su preocupación por mí. Allí iba los fines de semana y los días de vacaciones, aprendiendo lenta pero eficazmente, que Dios tenía un plan para mí. Me enseñaron a orar, a cultivarme en la Biblia, a trabajar sin descanso, sin pensar en mi interés personal solamente.

Con los años entendí que ser cristiano, comprometerme con mi Parroquia, con la oración y la acción eran el plan que se había trazado desde hacía mucho y eso es lo que trato de hacer diariamente: ser mejor cristiana siendo mejor trabajador, mejor hija, mejor esposa y mejor hermana, amiga y compañera. Aunque a veces cuesta, se lo ofrezco diariamente al Señor, con entusiasmo y gratitud. Gratitud porque sin su impulso y apoyo no se pueden hacer las cosas. Gratitud por todas aquellas personas que puso en mi camino y que han contribuido a mi enriquecimiento espiritual. Pero como vamos creciendo todo el tiempo, también le agradezco por todos aquellos que conozco actualmente y que , sin saberlo casi, me ayudan a ser mejor.

jueves, 13 de marzo de 2008

Los carnavales consolareños.

"Cuando era un niño, pensaba como un niño..." San Pablo se refirió a otras cosas, pero a mí me gusta mucho como escribe y por eso le he usado de introducción. Quiero hablar un poquito de los carnavales consolareños, aquellos que aún brillan en la memoria, como sólo pueden brillar los recuerdos en la mente de una niña. Mi madre trabajaba mucho en esos días, pues su centro de trabajo se volcaba al completo para que todo quedara bien. Trabajaba en el Centro de Elaboración, aquí sería una fábrica de alimentos o algo así. Su jefe, Juan "el lechonero" era famoso por la habilidad que tenía a la hora de asar cochinos (cosa que yo pude comprobar en muchas ocasiones), persona afable y bien llevada, que vivía en el Barrio de la Guayaba y se había hecho de un nombre local cuando fundó su propio quiosco, allá por los años 50.

En los carnavales iban a trabajar voluntarias todas las mujeres del centro, recuerdo a María Ravelo, Eugenia, Ana Martínez, Fina, Deisy, Dulce, Chicha, su hermana Yuya, Mongo Lliyo, Miguelina, Pablo y por supuesto, Irma, mi madre. Hacían bollitos, croquetas, la pasta para los panecillos, amburguesas, empanadas, buñuelos, panetelas, pudines, todo de muy buena calidad. Muchos niños se plantaban en la caseta y no se iban hasta que no lograban "tumbar" algo. Hubo unos carnavales muy populares en los que salió una canción muy pegadiza: "La caldosa de Quique y Marina". Aquello era el no va más, pues existía un plato de caldosa, una versión del ajiaco criollo de toda la vida (para los que no entiendan piensen en un puchero andaluz, pero con menos "pringá" y mas agua y vegetales) y la gente bailaba con su vaso en la mano, disfrutando del condumio y la música por igual.

Los días de carnaval íbamos en masa a las casetas, recuerdo que se ponían mesas frente a todos quioscos y veías a la gente disfrutando de su cerveza y comiendo alegremente, mientras la música sonaba en el ambiente sin parar. Las carrozas se traían de la capital, Pinar del Río y alguna hubo que fue llevada desde La Habana, llenas de brillos y papelitos de colores, con chicas jóvenes, con sus trajes de lentejuelas y sonrisas rojas, que no se cansaban de tirarte serpentinas. Y nosotros tampoco de pedírselas.

Los disfraces eran dignos de verse, pues con esas edades cualquier cosa sirve. Mi hermana y yo nos disfrazamos de negras culonas (je je je, cada cual busca lo que le falta) con almohadas amarradas a la cintura y las caras pintadas de negro y guantes y sombrillas con las que pinchábamos de vez en cuando al os otros niños que nos perseguían. El barullo era tremendo, corríamos a un costado de las carrozas, persiguiendo flashes de fotos y serpentinas, aquello cansaba que no les cuento, pero los niños tienen energías extras, así que nos regresábamos temprano porque no nos dejaban salir hasta más tarde, pero la verdad es que gozábamos de lo lindo.

Era bonito y lo sigue siendo en el recuerdo, el júbilo y la locura del carnaval que nosotros veíamos a través de ojos infantiles y juveniles, sin que se empañe su brillo, su sencillez, su alegría. Gracias a esos momentos pienso en mi pueblo con nostalgia y amor.

Ramón el médico.

¿Alguna vez ha habido un médico en su pueblo al que llamaran "el médico" por excelencia?. Pues en Consolación del Sur tuvimos (honor concedido) un médico de esos, de los antiguos, que visitaba a caballo, en coche, en carreta, en lo que fuera necesario. Cuando le conocí, siendo una niña de 6 años, ya él era un hombre mayor, viejo para mí, (que como se sabe los niños no tenemos mucha noción del tiempo en esos momentos). Era una persona bajita, con una curva de la felicidad incipiente y muy blanco. Eso me llamó la atención desde el primer momento, pues era llamativo que fuera tan blanco y con una mejillas rosadas y mofletudas que en cualquier momento parecía que te sonreiría y diría jo jo jo. Bueno quizás no era para tanto, pero era una niña con gran imaginación y me gustaba ir a su consulta, que estaba en su propia casa, al frente del parque de la Iglesia, justo al lado de donde, años después se hizo un salón de baile, perteneciente a la Casa de la Cultura.
Ramón el médico era culto y sabía de otros países, pues había sido agregado en la embajada de Italia, no recuerdo en qué gobierno cubano, pero se que fue antes de la Revolución. Su esposa era Angélica Capín, una señora entrada en carnes y muy maquillada, que tenía unos perritos salchichas muy monos y ladradores, que corrían todo el pasillo de la casa, arañándo con sus uñas el piso y las colitas nerviosamente moviéndose, para saludarme, pues yo los adoraba y siempre que iba a consulta trataba de entrar al pasillo que daba con la casa. Recuerdo la mirada comprensiva de Ramón, que al final me daba un empujoncito y decía: "niña ve a ver cómo está la sra Angélica" y yo salía disparada a jugar con los perrillos, saludando a la sra de la casa como de pasada. Años después, siendo ya una adolescente, trabé amistad con la sra Angélica, y le llamé tía Angélica hasta que se fue del pueblo. Con ella aprendí sobre comportamiento social, sobre modas, sobre formas de educación de las que nunca me habían hablado. Era una de esas mujeres de las que hablan muchas películas, refinada , culta y muy excéntrica, que merecería un capítulo aparte; pero desgraciadamente yo le conocí superficialmente. Las fotos que se veían en su casa daban testimonio de que había sido muy bonita en su juventud y cuando le conocí aún se mantenía lozana, aunque ya entrada en carnes, como esas matronas italianas, sentada en su mecedora de maderas trenzadas, abanicándose y riendo con sus perritos.
Ramón el médico era conocido y reconocido en su pueblo siempre, adonde quiera que se movía allí estaban los consolareños saludándole y deseándole un buen día. Porque en esa época ya estaba jubilado, en realidad era de los pocos médicos de antes de la Revolución a los que se le permitió continuar con su consulta privada. Lo mejor era que muy pocas veces te cobraba, y si lo hacía era muy poco, creo que era algo simbólico para él, pues a esas alturas ya tenía su fortuna hecha y no creo que necesitara cobrar.
Solía sentarse los domingos en uno de los asientos del parque, de los que estaban cerca de la Iglesia, con Felipe el farmacéutico, con mi tío Félix y con otros (todos hombres de la misma edad) que se acercaban para hablar de sus épocas. Muchas veces fuí hasta su banco y entablé conversaciones, para mí aquello era como saber que me escuchaban los adultos, y me regalaban caramelos y hasta me daban lecciones de medicina, contando casos que habían ocurrido muchos años atrás. La sonrisa de Felipe siempre era radiante y sabía mucho de fórmulas magistrales y de medicamentos que sólo estaban en prueba, yo en esos momentos me transportaba al futuro y me veía curando enfermedades y haciendo medicinas con mis propias manos. Siendo estudiante de medicina, siempre que me veían me preguntaban por mis notas, por mi vida en general y eso era motivo de alegría para mí.
Ramón el médico fue el que dirigió mis pasos hacia la medicina interna, pues decía que era la especialidad más completa y la más importante, me dejó láminas de anatomía y me inculcó el estudio, pues él nunca dejó de estudiar, siempre se sentaba por las tardes en el banco de frente a su casa con un libro o revista, poniéndose al día, como solía decir.
Y la muerte le sorprendió en ese banco un día en que unos niños estaban haciendo gamberradas con los bancos del parque y salió a regañarles sobreviniéndole un ataque vascular cerebral, que le mantuvo unas horas debatiéndose entre la vida y la muerte, hasta que la última ganó. Ramón el médico era historiador del pueblo de Consolación del Sur y murió defendiendo su patrimonio, nada más conmovedor. Recuerdo el velatorio y el entierro, llenos de consolareños, muchos de ellos nacidos por sus manos, otros curados por ellas, personas de lugares lejanos, de pueblos de campo, que fueron a rendirle su respeto. El pueblo perdió uno de sus mejores hijos y yo perdí un amigo, que primero fue mi médico y después fue un ejemplo a seguir. Este es un pequeño homenaje que tenía pendiente con Ramón el médico, espero que desde el cielo siga mi pasos.

martes, 11 de marzo de 2008

Recuerdos de mis vacaciones infantiles....

A veces la memoria se comporta como un organismo vivo e independiente o es como esos sueños que se empeñan en aparecer por la mañana y no sabes dónde archivarlo ni por qué está ahí. Muchas veces me encuentro recordando episodios de mi vida en Cuba y la añoranza se apodera de esa parte de mí que aún sigue allí, esa parte que no vino en un avión porque era pasado y el pasado se llama así por eso: porque no vuelve. A menos que un día te sientes y escribas sobre él y conjures en imágenes el tiempo que pasó.

Yo fui una niña privilegiada porque mi familia era del campo, por una parte y la otra vivía en un cayo, rodeados de agua y salitre. Las vacaciones eran un acontecimiento que te mantenían despierto todas las noches desde que te informaban que ibas a ver a los abuelos y tíos y a un batallón de primos con los que jugar, correr, saltar y de vez en cuando, practicar el gancho de izquierda.

Los viajes eran una verdadera aventura porque eran algo así como ese dicho cubano que dice "cruzar el Niágara en bicicleta", pues los billetes del autobús no eran muy fáciles de conseguir y después tenías unas 18-20 horas de viaje. Yo era muy juguetona y siempre perdía cosas en los viajes, desde el vaso de beber agua, hasta el abrigo de paño de salir. Y qué decir de los juguetes. Muchos niños disfrutaron de los que dejé olvidados en las terminales o en los autobuses.

Mis abuelos maternos vivían en Las Tunas, un lugar que reconozco en muchos pueblos andaluces: casas a ras de la acera, sin portales, entradas enrejadas, con plantas por doquier. Y patios llenos de luz y azulejos, con pozos o aljibes en su centro. La casa de mis abuelos era así, amplia y con dos patios. Mi abuela tenía plantas y patos en el solar y mi abuelo criaba palomas "buchonas" y mensajeras. Recuerdo que siempre traté de entender el lenguaje de las palomas, pues cuando hacían curr, curr yo creía que me estaban dando un mensaje y mi abuelo disfrutaba haciendo historias de aparecidos y cocuyos y animales que hablan. Lo típico de las leyendas campesinas: totalmente fantásticas y muchas veces tan escalofriantes, que no te dejan dormir.

Cuando había matanza se juntaban todos los tíos (7 en total) con sus respectivas esposas e hijos. Aquello era el no va más...Se hacía arroz congrís, morcillas, carne frita y muchos chicharrones de viento. Los primos andábamos buscando la oportunidad de coger cualquier cosa, mientras los mayores hablaban entre ellos. Mi abuela se ponía algo furiosa, pero creo que era como un papel que tenía que representar, porque después te llamaba aparte y te daba algo de su delantal. Era genial.

Recuerdo los vecinos, que eran muy amables y cada vez que íbamos, preguntaban cómo nos iba la vida. Y recuerdo los perros más famosos del barrio: Campeón, que era el de mi abuelo Rafael y León que era de los vecinos de enfrente. Ambos se pasaban la vida peleándose y como yo era una niña muy inquieta y con una gran personalidad, la mayor parte de las veces, se peleaban por mí. ¡Que suerte!.

Recuerdo una ocasión en la que viajé con mi tía Mirta al campo, a caballo. Fue un viaje inolvidable, no solo por el dolor que sentí después que me bajé de aquel caballo, sino por lo peligroso que era el camino. Yo iba detrás de mi tía, que era una gran amazona y le estrujaba tanto la cintura del miedo que me dijo: "Hija, si no me mata esta bestia, lo harás tú". Evidentemente se me quitó el miedo del tirón.

En la finca de sus padres todo era bello, interesante y nuevo para mis ojos, pues tenían una fábrica de quesos y unas vacas enormes con unos cuernos que podían ensartar a tres mariselas juntas y que, sin embargo, al ponerlas a ordeñar, se dejaron tocar. No se por qué pero yo siempre había sentido una gran afinidad por esas vacas solidarias que daban su leche para que los niños pudiesen desayunar y al verlas allí, tan cerca me sentí muy especial. Cosas de niños!!!!

Aquella excursión, no obstante terminó algo mal para mí, porque de tanta bola de queso que comí (eso es queso fresco, muy fresco) me empaché y tuvieron que mandar a buscar a un vecino (que vivía unos km más allá) para que me "pasara la mano". Creo recordar que estuve por allí unos 7 días, pero fueron perfectos, dentro de mi memoria infantil, son de los mejores que atesoro. Para el que no lo sepa, el pasar la mano es un remedio casero de los más efectivos que hay: te dan un masaje por los músculos de las piernas, con aceite, y se te quita la mala digestión. Es cierto porque yo he podido comprobarlo, de echo se lo hice en Lanzarote a un médico que se quedó con la oca abierta. Él que es agnóstico, según su definición, estuvo una hora diciéndome que era bruja, hasta que le conté de dónde venía el remedio. La efectividad se basa en la relajación de los músculos, que a su vez relaja los nervios y eso influye de alguna forma, sobre el intestino. Si alguien sabe mejor respuesta que la diga.

La finca era grande y tenía unos potreros llenos de "vacas bravas" o "fajadoras" y nos entreteníamos corriendo de un árbol a otro evitándolas. Los niños del lugar eran fieras, pero la niña de la ciudad no se quedaba detrás. Recuerdo que nos subimos en una higuera, que allí son enormes árboles tropicales y nos retamos a ver quién subía más. Al final quitamos la cuerda y bajamos como pudimos, hasta que Rolando, el hermano de mi tía, bajó al resto a base de correazos. Fue muy divertido!!!sobre todo para el que logró escapar y reírse de los demás.



Es posible que continúe.....

lunes, 10 de marzo de 2008

La fiesta de los quince.

¿Qué niña cubana no ha soñado por llegar a sus quince años? Aquello era un fenómeno dentro de la familia, algo de tal magnitud que no escatimaban nada: desde alquilar un local "de moda" hasta ir al pueblo de Artemisa a llorarle una cita a tiempo a la fotógrafa más famosa de todo Pinar del Río (de cuyo nombre no puedo acordarme). Era la competición más famosa entre las adolescentes: "yo quiero un vestido de cola porque a fulanita se lo han alquilado así", o "yo voy a celebrarlo en El Rancho porque es el más de lo más".


Yo no me corté el pelo hasta el mismo día de la fiesta, pues mi madre quería que me tirara las fotos con el pelo hasta la cintura (error craso si llego a hacerlo pues era pelo y diente namá) y me dejó en la peluquería sola, "sola ante el peligro" que era una mulatona, Sarita la peluquera, que me preguntó (como si yo lo supiera): ¿por dónde te lo corto niña?. Yo levanté los hombros, de pura ignorancia y ella aprovechó y metió tijera por ese mismo lugar, así que llegué a mi casa con el pelo cortado a lo francés y a mi madre por poco le da un patatús. La verdad es que en las fotos, hechas por el amigo Goyo, que era el único fotógrafo de mi pueblo, me veo bastante bien jejeje.


En la fiesta era tradición que te sacara a bailar un chico de tu grupo (claro que tratabas de escoger al más guapo, lo cual era motivo de competición también) para bailar una primera pieza musical, que en mi caso fue "Hotel California", que hacía furor por esa época y en el caso de las más favorecidas, cuyos padres tenían más dinero o trabajaban en un lugar estratégico, era un vals. Lo del baile quedaba muy bien porque el traje para salir y tirarte las primeras fotos era un traje similar a los de las novias actuales, eso es: de bata de cola, de volantes, con aros, lisos, con mangas, sin ellas. En resumen: nos disfrazábamos de novias sin saberlo. Aún se me erizan los vellos de la emoción al recordar la parafernalia que se armaba alrededor del acontecimiento: hacer las tarjetas, las listas, las cajitas para repartir el comestible, las flores.


¿Qué se repartía de condumio? Pues lo que hubiese en esos días; pero lo más frecuente era la ensalada fría (la hermana de la ensaladilla rusa española; pero en versión caribeña) los bocaditos con pasta de jamón, que son como unos mini bocatitas con un tipo de paté de jamón; refrescos, que aún no te autorizaban a beber nada más fuerte, aunque se permitían cervezas a los adultos y los chicos varones se escapaban y bebían entonces algo. Por supuesto en otros quince se mataban lechones y corría el ron.


Llegó la noche y ahí estaba yo, oronda señorita de la mano de Ernestico, mi vecino de arriba, rodeada de amigos, bailando una canción que me encantaba y con un vestido de color rosa, al más puro estilo Barby (creo que por eso me gustan tanto sus dibujos animados) feliz de realizar el sueño de mis quince años: presentarme como una princesa por un día. Lo mejor de todo es que pude bailar hasta la madrugada sin que se rompiera el hechizo y mis amigos se fueron felices y contentos después de despatillarnos con los Bonny M, Maykel Jackson, ABBA, y toda la música cubana que se recolectó para la ocasión.
Solo puedo concluir que fue un dia feliz que he rememorado para tratar de transmitirles mi felicidad de aquel momento, espero que lo disfruten. Gracias, Marisela.



viernes, 7 de marzo de 2008

Consolación del Sur

Aún recuerdo el parque de la Iglesia con cariño, podría decir con devoción: allí íbamos a escuchar la "retreta" del domingo. Era un acontecimiento que mi hermana y yo esperábamos con ilusión, pues en medio de la glorieta (que en la foto no se aprecia), se ponía la Orquesta Municipal a interpretar un repertorio amplio, culto e internacional. Allí se tocaban piezas de los más importantes compositores cubanos como Ernesto Lecuona, Caturla, Leo Brawer, Hubert de Blanc y muchos otros. Pero también se tocaban las maravillosas piezas de Mozart, Schubert, Shaikovsky, y óperas de Verdi y Puccini que nos transportaban a lugares maravillosos, a épocas donde se usaban pelucas y se bailaba sin tocarse prácticamente. De todas las piezas las que más nos gustaban eran las de zarzuelas españolas. Nos encantaba pensar que éramos parte de España por nuestras raíces y porque desde muy pequeñas habíamos leído y estudiado la literatura (esas letras gloriosas que nos hacían soñar con La Mancha del Quijote y Sierra Morena, escondite de bandidos de la talla de Curro Jiménez) y las zarzuelas nos llevaban a visitar las calles de Madrid, con sus chulos y floristas.
En ese parque existía una tradición desde antes de nacer nosotras: los jóvenes paseaban en una dirección y las jóvenes hacia la otra, consiguiendo con esto encontrarse en algún momento de la vuelta. Era emocionante poder verlo con nuestros propios ojos, aunque no duró mucho más de mis diez años. Muchas tradiciones se pierden así, es parte del desarrollo, pero sigues pensando en ellas como algo bonito.
Nos gustaba estar allí cuando daban las campanadas, y sentarnos en el muro de la Iglesia, mirando como muchos niños católicos entraban con sus padres. Ni soñarlo nosotras: la fe fue algo que se nos prohibió desde muy temprana edad. Pero la fe es algo que Dios nos da gratuitamente y el ansia de nuestras almas va hacia Él de forma natural. Ahora vivo libre y puedo adorarle sin ninguna traba ideológica que me lo impida pero siempre llevaré en mi memoria esa iglesia de Consolación del Sur, dedicada a La Candelaria, a la que nunca pude visitar.