martes, 8 de febrero de 2011

El laico hoy, una reflexión personal.

A veces, muchas más de las que debiéramos, no quejamos del mundo actual sin pensar en que nosotros, los laicos estamos llamados a mejorar o cambiar ese mundo.
Estamos llamados a la santidad. Durante muchos años cuando se hablaba de este tema parecía que era prohibido, pero la Iglesia, (con los últimos papas sobre todo) nos está llamando desde hace mucho a ser santos. Y para ser santo no hay que ser amargado, estirado o tener las rodillas rotas de tanto hincarla nada de eso. Santidad significa amor y entrega total a Dios y al prójimo ¡si eso lo dice muy clarito Jesús en el Evangelio!.
Pues sí, los laicos somos los únicos capaces de hacer cambios pues...el Papa no puede votar por uno, el sacerdote no está para hacer política, los religiosos no pueden tomar decisiones sobre un partido u otro, en fin que este marrón es de cada uno de nosotros y hay que apechugar.
¿Que cómo podemos hacerlo? esa es la pregunta del millón (te diría un cubano), pero la verdad es que no es tan difícil. Nosotros pertenecemos (la mayoría) a diferentes carismas o  movimientos dentro de nuestras diócesis, por lo que ya ahí damos mucho; pero la cuestión es cómo llegar a más gentes, a más necesitados a más desatendidos. Pues creo que la respuesta está en la participación activa en la política. Creo que debemos participar más en los movimientos cívicos (que ya hay algunos en España) tratando de influir con nuestra forma de ver la ética aplicada a la vida social. Nosotros no dejamos de ser cristianos, pero sí podemos influir con nuestro sentir cristiano sobre la sociedad en general. Y sobre las decisiones que toman o dejan de tomar los partidos.
Si no nos gustan las leyes por injustas, si no podemos cargar nuestra conciencia con algo que ha hecho mal un gobierno, si la sociedad cambia cada vez más para peor, creo que somos los responsables de que esto cambie.
Hay que participar más en las jornadas por la paz, en las manifestaciones contra el hambre, la injusticia social o el terrorismo, contra el aborto o el analfabetismo de los pueblos: ahí tienen que estar nuestras pancartas bien altas, que se vean. Tenemos que reaccionar ante las cifras de pobreza, muertos, por guerras o terrorismo, masacrados por tener otras ideas o religión, tenemos que liberarnos de la anestesia en que nos quieren sumir.Se tienen que escuchar nuestros gritos pidiendo justicia y paz, hay que gritar fuerte, que se escuche en todos los rincones de la tierra. Que Jesús dijo que somos sal y luz del mundo y debemos acabar de creérnoslo y actuar. 




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