miércoles, 11 de febrero de 2009

Todos somos Iglesia

Queridas arañitas de la red: llevo un tiempo fuera de circulación, pero es que las ocupaciones son muchas y el tiempo se me hace escaso. Hoy vengo con nuevos bríos y con la alegría de dar un testimonio de la fe en Dios Trinidad que me trasciende y que tengo que llevar a todos porque, como aquellos primeros discípulos, un día me dijo: ve y anuncia.
Ayer se cumplieron ochenta años en la vida de la Madre Trinidad, de la cual ya hablé AQUI. Es un tiempo que se dice muy rápido y como dice el salmo: "...el hombre no dura más que un soplo, el hombre pasa como una sombra...(Sal 39). Pero hay personas que vienen al mundo y hacen mucho en esos años. Es el caso de la Madre Trinidad: ha sentido la "invasión" del Espíritu y nos ha recordado que Dios está ahí, en la Iglesia, junto a nosotros y dentro de nosotros.

Cuando leemos la Biblia nos admiramos de que existieran profetas, y pensamos que ya no se da esa circunstancia en el mundo actual; pero no es así: Dios manda en cada tiempo, en cada era, en cada coyuntura, mensajeros suyos que dan luz a su pueblo santo. Y siempre se vale de personas pequeñas, sencillas, que pasan desapercibidas: así sucede con esta mujer que nos habla en un lenguaje sevillano, casi a gritos, que trata de remover nuestros corazones para que se abran a la gracia del Señor. Pocas gentes, incluso dentro de la Iglesia, conocen a esta mujer que nació en Dos Hermanas.

Anoche fui testigo de la unidad real de la Iglesia, de cómo celebraban este aniversario personas de diversos carismas, de diversas órdenes religiosas. Porque eso es La Obra de la Iglesia: una vocación que puede englobar al resto de las vocaciones religiosas, institutos, consagrados, laicos comprometidos, todos unidos para mostrar al mundo el verdadero rostro de Dios. Aquí caben matrimonios, niños, religios@s, curas, laicos, en fin, el pueblo de Dios.

Como podéis suponer, hubo una Eucaristía bellísima, centrada en la vocación y el ardor de la Madre Trinidad, con cantos, un refrigerio sencillo y unas palaras de la Madre, (que está en Roma desde hace años, aquejada de una enfermedad que le imposibilita el movimiento), transmitidas por al P. Alfredo. En ella nos daba ánimos para seguir evangelizando y manteniendo la llama del amor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo encendida en nuestros corazones.
Esta es una foto de la Madre Trinidad, pondré el resto en un slide, porque no quieren subirse ahora.



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