viernes, 14 de noviembre de 2008

La Obra de la Iglesia

Hoy es uno de esos días en que el amor me abraza y rodea y quiero compartirlo con todos los que me lean. Tengo una amiga con la que comparto ideas y fe y hace mucho que me había invitado a una reunión de su grupo de seguidores de La Obra de la Iglesia. Como yo vivo en Huelva y las reuniones son en Sevilla, se me hizo imposible, hasta ayer. Estuvimos en la casa de la fundadora del Movimiento y después hemos estado reunidos, viendo un dvd de la Madre Trinidad.

Para los que no conozcan La Obra de la Iglesia les diré que es un movimiento que tiene una licencia especial del Papa por sus características: a ella pueden pertenecer desde niños, jóvenes, seglares, religiosos, matrimonios, hasta sacerdotes, obispos, o sea todos los miembros de la Iglesia. Su fundadora es la Madre Trinidad Sánchez, oriunda de Dos Hermanas, Sevilla, que la fundó en el año 1959. Para los que quieran conocerla mejor, en la web de la Archidiócesis de Madrid, están los datos más precisados.

Yo quiero hablar de mi experiencia personal: es una señora mayor (va a cumplir los 80 años, el que entra) pero tiene una luminosidad en su cara y ojos que subyugan. Al principio uno siente un choque pues estamos adaptados a que nos hablen de Teología sacerdotes o personas muy preparadas culturalmente, pero esta mujer es una mujer sencilla, que habla con un acento andaluz, sevillano, muy marcado. Ella dice de sí misma que es el eco de la Iglesia, sólo repite lo que el Padre le ha revelado a todos los hombres, pero que hemos olvidado.

Es una oradora que te roba la atención desde el primer momento, pues habla de cosas que llevamos dentro pero que no sabemos expresar y ella lo señala como algo tan natural que te deja perplejo, como el hecho de sabernos hijos de Dios pero no quererle lo suficiente como para llenar nuestras acciones de su Ser, o saber que el pecado al que se refiere Jesús es precisamente dar la espalda a Dios. La charla en sí, trataba de la Eucaristía, de cómo podemos llenarnos de sabiduría, amor, felicidad, con solo comulgar, estando atentos a lo que Jesús nos quiere transmitir al darse como pan y vino, a todos nosotros.
A veces somos tibios y muchas veces fríos en nuestra forma de vivir la fe y cuando vemos a una persona que habla con tanta naturalidad de los Misterios, de forma tal que te estás dando cuenta de que recibe su conocimiento y sabiduría de Dios, es maravilloso y a la vez reconfortante. Saber que el Señor escoge a los más pequeños y humildes para su obra es reconfortante porque nos damos cuenta de que podemos estar en ese grupo, dentro de esos apóstoles modernos, que podemos ser mostaza, sal, levadura y ayudar a los demás hombres a conocer la Buena Nueva.
Ahora dejo en vuestras manos el seguir informándose y conociendo la Obra de la Iglesia como movimiento, espero que les sea útil esta entrada. Yo solo he escrito invadida de amor por todos y por el Señor especialmente.
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