viernes, 21 de noviembre de 2008

Compartir un libro.

Para aquellos que leyeron mi entrada sobre Zaqueo quiero presentarles un libro relacionado con el tema: Nuestro barro. El autor es un obispo que vivió en Huelva: Don Manuel González, fundador, entre otras órdenes, de la Misioneras Eucarísticas de Nazaret. No voy a extenderme en la biografía de este gran hombre de Dios porque es muy fácil de encontrar en internet. Hay una reseña muy completa en la página de Catholic.net. Escribió mucho y de forma muy eficaz, tiene homilías bellísimas, llenas de amor por sus ovejas, y unos libros que me maravillan por lo profundos pero sencillos a la vez. O sea que es muy fácil de leer. Su vida está llena de amor a Dios y a los hombres a los que supo entregarse como sacerdote como escritor, catequista pero, sobre todo como ejemplo de amor a la Eucaristía. Se le llamado "el obispo de los Sagrarios".


Yo he adquirido el libro hace unos 4 días y desde entonces estoy enganchada a su lectura. Desde el prólogo se descubre su vocación magisterial, pues "mastica" los conceptos y les da forma suavemente, llevándote a la comprensión del tema casi sin darte cuenta.


El libro habla de cómo los hombres, a pesar de ser de un material moldeable, fácil de cambiar y con muchas "suciedades", podemos (y debemos) llegar a ser santos. Os pongo un párrafo pequeñito:

"...Y por esta razón te decía antes que, si suprimimos de las historias humanas todos los capítulos que se han escrito para narrar a los sucesores los cambios de color, olor y sabor de las instituciones, costumbres, ideas, afecciones y adhesiones de los hombres, es decir, riesgos y peripecias de su barro, casi no les quedan más que las pastas y las portadas. Y cuenta que no es la excepción de la regla universal, guardada desde luego la debida proporción, la historia de las almas: de las regulares, de las buenas y aún de las santas.
Al fin y al cabo, ¡tienen que pasar la presente vida mortal presas en cárceles o cuerpos de barro y que sentir, por tanto, la influencia del mismo!".


Como se puede ver el libro es una interpelación constante al lector, interroga y habla con él, le hace pensar y tomar partido. Está dividido en capítulos pequeños que se prestan para la hora de meditación, creo que es la opción mejor, pues son como buchitos de agua fresca, que para degustarla, hay que tomar despacito.

Otro fragmento del prólogo:

"Porque, ciertamente, el Padre Dios no nos ha dejado frágiles la cabeza, el corazón y las piernas para que nos las rompamos, ni nos ha dejado tan permeables para que nos infectemos con el agua sucia del primer charco que encontremos, sino para que, ejecitándonos con su gracia en evitar los peligros y ocasiones de rotura e infecciones, reparemos y evitemos pecados y los sustituyamos con virtudes que nos unan y hagan semejantes a Él".

Este libro es un canto a la esperanza que ponemos los hombres, sabedores de la fragilidad de nuestra vida y obras, en las manos del Padre. Podría estar mucho rato escribiendo mis sensaciones sobre estas "paginillas", como gusta llamarle al libro; pero os lo aconsejo y recomiendo encarecidamente, como una muestra de pequeña obra de arte salida de las manos de un hombre sencillo que supo ser santo. Estoy segura de que les gustará y, sobre todo, les aprovechará, tanto a aquellos católicos convencidos, como a cualquiera que le lea. La sabiduría y el consejo de un amigo nunca están de más.


Publicar un comentario