martes, 18 de noviembre de 2008

El sueño de ser madre.


Nada hay más bonito que la maternidad. Es una afirmación que podría parecer algo rotunda, pero que la hago desde el conocimiento actual y la experiencia. Hay muchas mujeres que llegan a renunciar a vivir esa mágica condición, por estudiar y trabajar apasionadamente en una profesión muy laboriosa y sacrificada, es mi caso, y al pasar los años, se dan cuenta de que se podría haber llegado a un término medio para llevar ambas adelante.
Blogueando por Internet he conocido muchos sitios que hablan de la maternidad y sobre todo, de la dificultad para concebir. Son páginas personales (nunca mejor dicho) muy especiales, llenas de amor y belleza, que luchan contra toda desesperanza y que son un canto a la vida, al amor de dos personas y al amor de Dios.
Es curioso (dado los tiempos que corren) que casi todos estos blogs son escrito por personas con una gran fe, que demuestran una confianza en Dios y en la intercesión de la Virgen y Jesús intensa y viva, dinámica, una fe activa, que se palpa en todas las entradas. Como creyente, para mí son ejemplo de dignidad, en momentos en que, en muchos países se aboga por promulgar leyes que defiendan el aborto y la eutanasia, escudándose en los derechos de las mujeres y la muerte digna. Uno lee las palabras de estas mujeres, dedicadas a esos hijos que aún no han nacido, que quieren sin conocer, consientes de que puede que nunca lleguen, y no puede quedarse indiferente. Muchas de esas parejas no tienen posibilidades de estudios o tratamientos por el coste, otras, después de muchos intentos, se dan cuenta de que no pueden seguir (por edad, falta de recursos etc) y no obstante, no dejan de rezar por que se les conceda la adopción, bendiciendo de antemano a esos niños ero hay por el mundo esperando unos padres que le den amor. Y aún siguen rezando por los demás, por aquellos que han perdido a sus hijos, por los que no les dejaron nacer, por los que están enfermos.

Desde aquí quiero enviar un abrazo fuerte a todas aquellas parejas que aún no tengan hijos y decirles que no están solos: estamos con ellos en nuestras plegarias. Confío en que un día puedan abrazar a su hijito. Recemos por ello.
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