jueves, 20 de noviembre de 2008

Hoy es el Día Internacional del niño.


Hoy tenía una deuda que saldar: hablar de la infancia y los niños y de esa plaga moderna que es la pornografía infantil y la pederastia.

Yo no tuve hijos, pero al dedicarme a la medicina, atiendo muchos niños enfermos física y/o emocionalmente, por lo que nunca entenderé cómo tiene que ser la persona que abusa de su confianza en forma de fotos, tocamientos o pensamientos. Los niños son seres maravillosos, que están llorando ahora y al minuto, por una palabra o una actitud de amor, están riendo y jugando como si nada hubiese pasado.

La infancia es la etapa más bonita de la vida, aún cuando se es pobre de solemnidad, siempre se encuentra un modo de jugar, saltar y cantar a la vida. Yo recuerdo que tuve pocos juguetes, pero era feliz con esos pocos: lo mismo jugaba con una muñeca real que con una de trapo, con una hormiga que iba por el suelo, como con una lagartijita de la Virgen (son esas ralladas y pequeñas) que se hacía mi amiga enseguida. Y así, aunque no tuve una bici, aprendí a compartir las de los amigos, por lo que siempre estaba rodeada de estos, feliz y contenta de ser niña, sabiendo que me cuidarían los adultos, que no corría peligro al cruzar la calle porque siempre aparecía alguien que te daba la mano y te enseñaba cuándo hacerlo. En mi época y pueblo nunca se escuchó nada acerca de abusos a niños o se habló de pederastas, creo que estábamos más protegidos.


Hablar de estas lacras sociales me repugna por lo que sólo voy a decir esto: hay que estar atentos y no callar, hay que exigir a los gobiernos del mundo leyes muy severas ante delitos de esta categoría, hay que defender la infancia desde todos los frentes y con todos los recursos legales. Sólo así podremos ayudar a los niños a tener una infancia sin límites. Hay que educar a los jóvenes en el trabajo y el amor, fomentar la familia y los valores reales en la sociedad para tener hombres y mujeres equilibrados el día de mañana.

Y no puedo dejar de mencionar el deseo de Jesús cuando dijo: "Lo que hagáis por estos niños, lo estarán haciendo por mí".
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