sábado, 29 de noviembre de 2008

¡¡Aquí si te quieren!!

He pedido permiso a un amigo bloguero, Arcendo, de La hoja de Arce, para más señas y me ha prestado este crucifijo tan lindo como desgarrador con toda la amabilidad que le caracteriza. Hace días quería escribir sobre este tema, pero no sabía cómo hacerlo. Hoy le voy a dedicar este post a todos los cristianos que están siendo discriminados al eliminar los crucifijos de los colegios.


Dijo San Agustín, hace muchos años: "Si todos nosotros fuésemos de verdad cristianos no habría herejes".

¿Qué significa ahora, en estos tiempos, esa advertencia del santo? Pues yo creo que no es más que una advertencia a nosotros, (a todos y cada uno y a la Iglesia en general), de no ser tibios, callados ni tristes, demostrando al mundo que somos hijos de Dios con la alegría. Nuestra confianza, la confianza real de cada uno de nosotros al comulgar, al ir a misa, al acompañar al Santísimo, al hacer ejercicios de piedad y meditación en nuestro grupo o en nuestra casa, es lo que nos debe identificar. La alegría de saber que nuestro reino no es de este mundo debería ser nuestra seña. Cuando Jesús dijo a sus discípulos: "Remad mar adentro" no les dijo que no abrían tempestades o arrecifes acechándoles, sólo les manifestó, sin palabras casi, que tendrían que tener confianza en el Padre. Y la barca ha pasado muchas tempestades y ahí está.

El mismo San Agustín dijo: "Dios no sostiene en el mundo a los malos de balde: los deja vivir, o para que se hagan buenos o para que los buenos se ejerciten (en la paciencia, fe y caridad) por medio de ellos".

Y he aquí un momento en que la Iglesia vuelve a ser perseguida, denostada y, en muchos casos ridiculizada. Yo propongo que llenemos las iglesias, que abarrotemos los Sagrarios, que cantemos más canciones, que pongamos música en todos los equipos reproductores que tengamos (en casa, el trabajo, el coche). No nos pondremos a la altura del mal, lo combatiremos con alegría, con fe, esperanza y caridad.

Termino con una reflexión del Padre Manuel González:"Los cristianos que se asustan y desalientan por los males que les pueden venir con la persecución de los malos, es porque, o han olvidado que pertenecen a la Iglesia militante, o porque se han creído que ya habían llegado a la Iglesia triunfante...Hermanos somos de la Iglesia militante ¡con un Capitán que, después de haber resucitado, ya no muere más!".

Así que, hermanos cristianos vamos a poner lo crucifijos que han quitado de las aulas en nuestras cadenas, al cuello, y vamos a llevarlas con alegría y con honra, exibiéndolas y demostrando que la fe la llevamos con nosotros en el corazón.
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