domingo, 8 de febrero de 2009

Palabra de Dios para el domingo.

De nuevo le pido prestadas sus palabras a David Amado Fernández, escritas para Magníficat, pero es que son tan elocuentes y nos explican tan bien la Palabra de este día, que quiero compartirla con los que aún no tienen este libro de oraciones.
"Muchas personas de nuestra época se identificarían con las palabras de Job que escuchamos hoy en la primera lectura: Mis días corren más que la lanzadera y se consumen sin esperanza. El santo Job expresa su desdicha en un momento de hundimiento, cuando lo ha perdido todo y no sabe dar con una explicación que justifique su desgracia.
Pero las palabras de Job no ilustran sólo un estado de penuria económica, de enfermedad o de sufrimiento temporal, sino que se refieren a una vida que ha perdido su sentido. Ante una situación tal, el mundo conoce dos respuestas fundamentales: una es perpetuarse en la queja; la otra, buscar consuelos efímeros con los que ahuyentar momentáneamente el dolor. San Pablo nos habla de una solución muy distinta que él ha conocido y que ha cambiado radicalmente su existencia. Lo expresa de esta manera: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!. Y después añade que lo hace gratuitamente, sin esperar una retribución por ello: Entonces ¿cuál es la paga?. Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde.
Las palabras del Apóstol resultan ininteligibles para quien no haya experimentado lo mismo que él. San Pablo se ha encontrado con Jesucristo y, al conocerlo, su vida se ha iluminado plenamente: ha alcanzado una intensidad que antes no podía imaginar. Al conocer a Jesucristo, ha experimentado en qué consiste la verdadera vida. Al encontrarse con el Señor, ha podido orientar de una manera totalmente nueva y definitiva su existencia. San Pablo nos dice que su alegría está en anunciar el Evangelio, porque éste es el que da razón de su vida. En el orden de la naturaleza, observamos que la persona vive bien por la alegría y pasión que pone en las cosas que hace. Lo mismo sucede en el ámbito de la gracia. Al ser transformado por el amor de Jesucristo, el apóstol ya sólo desea vivir para él.
En el evangelio, y también en el salmo de hoy, se nos muestra a Jesucristo como aquel que viene a sanar los corazones destrozados de los hombres. Vemos al Señor curando a multitud de enfermos y, entre ellos, a la suegra de Pedro. De ésta se dice que, al quedar curada, se puso a servirles. Es lo mismo que hace San Pablo. Lo observamos también en muchas personas a nuestro alrededor: en cuanto han conocido de verdad al Señor, entienden que su vida no tiene sentido sin Él, y por eso se ponen inmediatamente a trabajar en actividades apostólicas o caricativas. Seguro que, fácilmente, encontraremos ejemplos cercanos. Si les preguntáramos de dónde nace ese "activismo", descubriríamos que no es tal. De alguna manera, al redimensionar toda su existencia, la gracia de Dios ha hecho surgir resortes ocultos en ellos. Ahora no sólo el mundo es más bello y los problemas no son tan graves como pensábamos, sino que, además descubrimos la belleza de servir a los demás, de consagrar nuestro tiempo a la Iglesia, de experimentar gratuidad.
Jesucristo es la respuesta al drama del hombre, también de nuestro tiempo. Al salvarnos, nos libera del peso de una existencia sin sentido y nos impulsa al don de nosotros mismos."
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