sábado, 14 de agosto de 2010

San Maximiliano María Kolbe




Siempre me ha acompañado, Señor, el recuerdo del P. Kolbe,   
cuya biografía leí siendo yo joven, y él casi un desconocido.
Me asombró su libertad frente al esclavizante pensamiento nazi:
la mantuvo íntegra en el campo de concentración
y la rubricó ofreciendo su vida por salvar la de un compañero.
Libertad y esclavitud no dependen de rejas ni guardianes,
sino de los límites que nos imponemos nosotros mismos
por temor a perder el favor del poderoso;
por miedo a tener criterio propio, ajeno a la moda del momento;
por prevenir la denuncia del empleado siempre dócil al superior;
por perder status social o amigos influyentes.
Danos, Señor, la fortaleza de espíritu, la prudencia,
la libertad y la caridad de San Maximiliano Kolbe.
La necesitamos más que nunca en la Iglesia y en la sociedad.

José Manuel Valverde
Orar la Vida, agosto 2010





Es un santo casi desconocido para mi y posiblemente para muchos otros.
 Lo que me dejó impactada de su persona fue la entrega final en el
 campo de concentración, en ese lugar de muerte supo encontrar 
cómo ayudar a un hermano, cómo seguir hasta el final con su imitación 
de Cristo. Después de ver montones de películas rusas, americanas,
 polacas y japonesas que narran las miserias de esos lugares, infiernos
 en la tierra, duele pensar en ese hombre que se entregó voluntariamente
 al martirio, en momentos en que la mayoría trataba de sobrevivir.
Pido a Dios que nunca tenga que escoger, pero si las circunstancias
 me llevaran a ello, mi corazón no flaqueara y fuera como
 el de este santo y su Maestro.

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