jueves, 16 de diciembre de 2010

Días de nieblas y felicidad

No se por dónde empezar: llevo muchos días fuera de internet. Los problemas que parecían ligeros y fáciles de solucionar, se conviertieron en un alud de malas prácticas por parte de las compañías telefónocas involucradas y en inmovilismo o exceso de credulidad por parte de nosotros (mi esposo y yo). Al final, escribo hoy desde un apartado lugar, en una biblioteca extraña y minimalista de un pueblo vasco, donde reside mi hermana. Llegué hace unos 3 días, acompañando a mi padre que pronto volverá a Cuba. No voy a hablar de ello, pues eso conllevaría airear problemas de familia que no interesarán a nadie.
  Lo que más me gusta de este  pueblito es que el templo que preside la plaza central siempre está abierta: a cualquier hora puedes ir a visitar al Santísimo, hablándole tranquilamente de tus problemas, ideas, sueños y esperas. Sin apuros y rodeada de una belleza sobria, si el barroco puede serlo.
El invierno es rico por acá: muy frío pero se te quita el asma del tirón, así que toso poco y me asfixio menos. Lo único que extraño es a mi maridito y  mi madre que han quedado en Huelva. Y mis paseos en bici, of course....
Estos días previos a la Navidad son bellos, llenos de esperanza y en el Señor: le pido que entre en mi corazón y lo cambie, que arrase con lo feo que guarda y lo llene de ilusión. Hoy recuerdo mucho a los que están lejos,  amigos, familiares y conocidos. A los que perdí en el camino y no he logrado saber de ellos, como mis amigas Marlén y Dariela, o a los que sé que sólo veré en un lugar lejano y desconocido. Hay felicidad y niebla a la vez en mi vida, pues estos días me siento así: sólo la esperanza que deposito en Dios me sostiene en alegra. El ser humano es difícil.
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