jueves, 10 de junio de 2010

Domingo 6, Día del Corpus Cristi.



Aunque sea con atraso no dejaré pasar los días sin hablar de esta celebración. Independientemente de todas las plémicas creadas desde las esferas del gobierno para amedrentar a los católicos, me quedo con las procesiones tan sentidas, aplaudidas, alentadas y seguidas por el pueblo.
La de Toledo, que es una de las más importantes (por no decir la más) ha sido muy bien documentada por el amigo Fotelias en su blog, con una fotos soberbias.
La de mi pueblo fue más sencilla, pero no por ello menos vista: el pueblo salió al paso del Santísimo, que era llevado por nuestro cura, el padre José Antonio, y todos lo saludaban al paso, con la señal de la Santa Cruz, con aplausos, con cantos. Mi madre y yo anduvimos toda la procesión detrás del palio que guardaba la Custodia y el cura. Yo le había prometido un Rosario en silencio absoluto, así que me esforcé por no entretenerme. Y espero que Él lo haya escuchado.
El sacerdote ha bendecido el pueblo, a las familias, a los niños, a los enfermos y ha pedido por los que están paándolo muy mal en esta crisis.
La procesión tenía una delantera de lujo: todos los niños que han hecho la Primera Comunión en el mes de mayo iban delante, con flores y cantos al Señor. Con ellos, los tamborileros, tocando los himnos. Después de cada parada se escuchaba el himno de España y la gente se emocionaba.
Felices los que creen sin ver....nos sentimos felices porque, aunque no vemos, sentimos la presencia de Dios en la Eucaristía. Es un alimento al cual no podría renunciar nunca. Siempre le doy gracias al Señor por venir a mi sin tener yonada especial, nada extraordinario. Siempre le digo que no soy digna de que entre en mi, pero si viene, me dignificará por siempre. Espero y tengo fe, como San Luis de la Columbiére en que Él no me fallará jamás.


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