sábado, 12 de junio de 2010

Clausura del Año Sacerdotal.

Se acerca el fin del Año Sacerdotal, que no es un fin, sino una culminación. A partir de ahora cre que todos verán con otros ojos a esos hombres que luchan contra sí mismos para seguir a Jesús en su servicio a los hombres.


Ayer dieron un programa en Radio María que me llegó hondo en el corazón. Fue una reunión en el Vaticano, para sacerdotes solamente. Había varios obispos y algún cardenal, pero no recuerdo sus nombres. Lo que sí recuerdo es que los moderadores eran tres sacerdotes jóvenes y de diferentes países, pues dicha reunión era de carácter mundial.

Pues bien, pusieron una canción inicial muy linda y después vinieron los testimonios individuales. El padre Esteban y Mónica, de R. María y una chica italiana iban comentando y traduciendo, pues el idioma oficial utilizado fue el italiano.

En primer lugar hablaron dos curas africanos. Ambos sufrieron guerras mientras eran seminaristas, en las que mataron (mejor decir masacraron) a jóvenes a los que habían acogido en su Seminario o eran compañeros de estudio. Y por supuesto, ametrallaron a todo el que se puso por delante. Recordaron cómo los seminaristas agonizaban con el nombre de Jesús en los labios; hubo varios que gritaban, como el Señor: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Cuando terminó la guerra (como siempre, una guerra fratricida entre hermanos de diferentes etnias) estaba un día celebrando misa (contó uno) y vio a algunos de aquellos hombres que habían matado a sus compañeros y alumnos y entonces se dio cuenta de que sin perdón no podría vivir y les perdonó delante del Santísimo. Contaba que desde entonces es feliz y puede ayudar a entender a otros sobre el perdón en Dios. El otro contó lo difícil que le había sido volver a la vocación y cómo Dios le llamó de nuevo, porque nunca dejó de sostenerle en sus luchas internas. Hoy, los dos son sacerdotes consagrados a sus hermanos en Jesús.

Cantó un cura chileno una canción preciosa a María, creo que se llamaba María del silencio. Soy malísima para los nombres, pero recuerdo parte de la letra y era muy linda.

Los testimonio se sucedieron uno tras otros, pero los que más me impactaron fueron esos dos primero, porque no hay cosa más fuerte en el ser humano que la cercanía de la muerte y, a la vez, no hay nada más grande que aquél que entrega la vida por sus hermanos. Las palabras de estos jóvenes curas me han llenado el corazón de esperanzas y bríos nuevos, me han servido para orar más al Señor y pedirle su protección a los hombres actuales que desean seguirle bajo cualquier circunstancia, ante cualquier dificultad.
Aunque este Año Sacerdotal, proclamado por el Papa se termina, no debemos olvidar que hay que rezar muchísimo por la vocaciones, para que, aquellos que se sientan llamados a la vida consagrada sacerdotal o religiosa, se mantengan fieles a sus promesas iniciales. Para que no flaqueen, para que abracen la cruz con valentía y amor y nos enseñen a hacerlo a nosotros, que estamos consagrados a Dios dentro del mundo, allí donde Él nos ha pedido.
Pedid y se os dará...no lo olvidemos: Dios siempre se manifiesta.









Esta canción ya la puse en otra entrada, pero es que es el broche de oro, la letra es intensa y llena de amor por Dios, digna para cantarla en cualquier momento, pues es una canción que puede ser una oración. Cantémosla pues, llenos de orgullo y amor por nuestros sacerdotes.

Se la dedico especialmente a todos los seminaristas que están actualmente preprándose para ser nuestros futuros pastores...¡que Dios les bendiga y les guíe!

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