martes, 8 de abril de 2008

Un encuentro entre hermanos.

Hoy quiero hablar sobre el Cursillo de Cristianismo Nº 323, que ha tenido lugar en la Diósesis de Huelva, del 4 al 6 de Abril del año en curso. Los responsables del cursillo han sido los párrocos José Antonio y Ángel Manuel, que son los encargados de las parroquias de Alosno y Fuenteheridos, respectivamente. Junto a ellos han estado Eva, Toni, Rosario, Manolo, Fran, Andrés, Isabel, Mª Teresa y Juan Vazquez. Hemos ido 19 cristianos: Mercedes, Catalina, Juani, Paco, Conchi, las otras dos Catalinas (una es de Tharsis y las otras dos de Las Cruces), Isabel, Lurdes, Aura, Javier, Paqui, Lole, Zuzel, Antonio, Martina, Manoli, Antonio, Juan Antonio y una servidora.. Las edades han oscilado entre los 20 y los 80 que posiblemente tenga la mayor, Martina, no por ello la menos activa.
Supongo que muchos de los que lean este artículo, si puede ser llamado así, no entenderán de qué cursillos hablo. Yo tampoco los conocía hasta hace muy poco. Estos cursos son un encuentro entre hermanos de una misma Fe, hijos de Dios y hermanos de Jesús, pues esa es la verdad que nos cuenta el Evangelio y es la Buena Nueva que los cristianos proclaman. Yo he vivido 48 horas, que es lo que ha durado, en la alegría de reconocer en todos ellos la gracia de compartir una Fe, una Esperanza y un Amor que se nos dio de forma gratuita (gracia) y que nosotros debemos dar de igual forma.
El curso se divide en Rollos o encuentros (lo de "rollos" viene de la tradición judía de leer y transmitir su fe por medio de unos escritos, que dada la época, se escribían en rollos de pergaminos) en los cuales se van tratando los pilares fundamentales de nuestra Fe. Se habla en profundidad de los ideales, de Jesucristo, de la Iglesia, la Gracia, la Fe y los medios de que se vale ésta: la oración, la formación y la acción. En otro rollo se estudian los Sacramentos y después, individualmente, se desgranan los temas de Formación, Acción y, por último, se habla de las Comunidades Cristianas. Después de cada rollo nos reuníamos y cada uno planteaba sus ideas sobre los contenidos dados. El tiempo ha volado cada vez, pues, aparte de los rollos, nos reuníamos para hacer convivencia y conocernos. Compartíamos todo: el descanso, la oración, la comida y muchas veces, las visitas al Santísimo. Ha sido una experiencia única, llena de espíritu, de fraternidad, de conversaciones sobre nuestra Fe, nuestros motivos personales. Tuvimos en todo momento la ayuda de los responsables y pudimos disfrutar de la ayuda de los dos curas que nos acompañaban a tope. Han estado escuchándonos cada vez que les solicitamos, han trabajado al unísono cuidando de nosotros, guiándonos o simplemente charlando. El Taller de Oración que tuvimos en la Capilla de la Casa de Retiro de La Cinta, lugar donde hicimos este Cursillo, creo que lo llevaré en mi corazón siempre, pues fue una experiencia que no se pareció en nada a otras: la unión de todos los que estábamos allí en una oración colectiva, íntima y a la vez de todos, creo que me acompañará mientras dure yo en este mundo. El domingo vinieron muchos otros cursillista a la clausura, a compartir nuestra alegría y también vino el Obispo de Huelva, José, que bendijo los regalos que se nos hicieron al final. Los bendijo y escuchó, creo que emocionado por las cosas que dijimos todos.
Cualquiera que no conozca el contenido o que no sea cristiano, creo que no puede entender en toda su dimensión estos encuentros. Para no hacerme tediosa ni prolongarme en el tiempo, voy a poner mis Conclusiones Personales, las que dije en el momento de la clausura, descubriendo mi corazón para todos los hermanos que estaban con nosotros:
-Escribí mis Conclusiones Personales porque no creo que la emoción me deje expresarme: he venido gracias al AMOR cristiano de una compañera de trabajo, (Eva: gracias), y desde el principio me sentí interpelada por Jesucristo, que me ha mirado a los ojos, preguntándome:
-Marisela, ¿a qué has venido?.
Desde ese momento he dicho:
- Vengo, Señor, a que llenes mi cántaro de tu agua viva. La traigo vacía y quiero llenarla de tu AMOR..
Conocía a dos personas del grupo y me voy con treinta amigos más, en los que me inspiraré en mi vida futura, pues de todos aprendí algo: de unos alegría, de otros humildad, de unos capacidad de sufrimiento, de otros capacidad para darse.
En esta escasa 48 horas me he reafirmado en mi Fe, me he sentido acompañada y, aunque ahora sólo soy un pequeño tizón (como dijo el P. José Antonio), se que mi lugar está en una llama inmensa, fruto de muchos otros tizones ardiendo por el AMOR del Padre.
Dios ha hablado en estas horas, conmigo y con todos y su Espíritu ha soplado entre nosotros y espero que nunca me separe del camino, y que cuando me pase (porque soy humana y me equivoco), pueda contar con esos treinta pares de manos para volver a levantarme.
Sólo me queda expresar que rezaré constantemente por todos nosotros y por todos aquellos que han rezado por nosotros. Gracias.
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