lunes, 10 de agosto de 2009

Problemas en la Iglesia


Pasando por blogs amigos (y por otros que no lo son tanto, pero que leo frecuentemente) me encuentro con muchos escritos acerca del problema del homosexualismo, la pederastia, los curas con hijos o con relaciones, sin respetar el celibato ni la moral que, se sobreentiende, ellos deberían contribuir a cuidar.

Se me hace difícil hablar del tema pues, como he dicho en muchas ocasiones, conozco muchos curas a los cuales no me imagino en ninguno de esos supuestos. La verdasd es que me duele que se hable de esos temas, sobre todo desde blogs católicos, sin antes haberlo discutido con su párroco o guía espiritual, pero creo también que no debemos meter la cabeza en un hueco, cual avestruz cobarde, para no ver ni oír las cosas de las que se habla por todas las tertulias, foros y comentarios de blogs de internet.

Entiendo que hay muchas teorías (provenientes, en su mayor parte, desde círculos no católicos, pero sí cristianos) que dicen que los curas o ministros de Dios deberían casarse siempre, para así saber cómo es la familia y cuál es su papel en el Plan de Dios. Modestamente y, a pesar de las críticas que se me han hecho en muchas ocasiones, mi idea es que el celibato es necesario por una simple razón: los carismas del Espíritu son innumerables y para poder servir a los demás, no puedes tener trabas familiares que te lastren y te aparten de la idea principal, que es servir a Dios y al prójimo sin dejarte nada para ti.

Entiendo que muchos no me comprendan; pero si esto sucede en muchas profesiones, con mayor razón sucede entre aquellos que quieren servir al Señor plenamente.

En Cuba conocí muchos hijos de Ministros o Pastores que acababan desviándose de la religión porque no veían a sus padres como tal: siempre estaban preocupándose por otros y al final, los de casa "se le iban de las manos". Se que no se puede generalizar, pero de ese mismo modo, no se puede decir que todos los curas son pederastas o "puteros" (se que es una frase muy fea; pero que he escuchado más frecuentemente de lo que se podría pensar, en Andalucía).

Después están los problemas: por una parte, curas que quieren ser más progres que los mismos progres y por otra, curas homosexuales que llevan una doble vida. Esto podría crear un clima de inestabilidad y dudas que no sería bueno para la Iglesia. Partiendo siempre de la base de que todos somos Iglesia.

El problema es que, si el Papa los pilla y les pone una sanción, allá van los listos que no creen ni en su madre y dicen que es un retrógrado; si les perdona bajo el compromiso de no pecar, van esos mismos listillos y le dicen que es un permisivo y que "tapa" a "sus curas".

Pienso que lo importante es no consentir manifestaciones inapropiadas. A ningún cura lo obligan a dedicarse a Dios: se sobreentiende que es una llamada personal y especial. Pero también podrían ser más cuidadosos a la hora de escogerles. Para eso se pasan bastante tiempo en un seminario: los superiores no son ciegos. Hay muchas formas de saber si una persona es amanerada y con pajaritos volándo por la cabeza o si es un homosexual en toda regla.

Pero duele que se aireen los trapos sucios de la curia públicamente, pues eso desacredita a todos aquellos que no lo son, a los que luchan por la vida, por la justicia y por llevar la Palabra a todos los rincones de la tierra. Creo que los laicos comprometidos, deberíamos escribirle al Papa y plantearle el problema sin tapujos, antes de comentarlos en los foros y medios de comunicación.

Tenemos problemas y hay que resolverlos: Jesús vino al mundo a traer la paz y la concordia, la reconciliación y la felicidad y fundó la Iglesia a partir de 11 hombres que , no creo que fueran perfectos en sí, sólo que tenían un ansia de Dios y de amor tan grande que les hizo seguirle como discípulos. Pero si vamos a dar crédito a las palabras de San Pedro y San Pablo, en sus cartas se habla de la "limpieza del alma y el cuerpo", pues éste es "templo de Dios" y no debe ser profanado. Los que dedican su vida a Dios son los que deben enseñarnnos cómo hacerlo, por tanto son los espejos donde debemos mirarnos.

Por eso espero que, en este Año Sacerdotal, desde nuestros párrocos al Papa Benedicto XVI, tomen conciencia de la situación se se sienten a pensar y saquen conclusiones (que significan acciones) para enmendar estos problemas que tanto afectan a nuestra Iglesia. Estoy segura de que los laicos arrimaremos el hombro para ayudar.

Gracias por escuchar mi opinión y que Dios nos de la sabiduría necesaria para ser mejores cristianos cada día.



Todos somos pecadores, pero la misericordia de Dios es eterna.

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