lunes, 3 de agosto de 2009

Los panes y los peces.



En este Ciclo B de lecturas, estamos leyendo al evangelista Marcos, pero vamos a tener un pequeño paréntesis y leeremos el Evangelio de Juan; el milagro grandísimo de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús, en un principio, nos pregunta ¿cómo vamos a dar de comer a tanta gente?, pues es una pregunta hecha a todos, no sólo a los discípulos presentes en aquel momento y lugar.

Siempre que leo esta frase imagino a Jesús sonriendo un poco pícaramente, pues Él sabía cómo lo haría y, no obstante, pregunta cómo. Creo que ese milagro no sólo nos habla de la Eucaristía, de Dios, de Jesús: ese milagro fue hecho para hablarnos de nosotros mismos. ¿Qué hacemos para paliar el hambre de otros? De los que sabemos que, si no les ayudamos, no comerán.
Y tiene dos dimensiones ese hambre: el hambre física, de estómago, y el hambre espiritual, de Dios.

Somos pequeños, transparentes a los ojos de Dios, con muchos defectos y, sin embargo, nos da una misión en esta vida: amar desmedidamente (La medida del amor, es amar sin medida, San Agustín), darnos el pan, la paz, la comprensión los unos a los otros, para poder permanecer en Dios y Él en nosotros y contarnos entre los que, un día, se sienten en la mesa del Padre.
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