domingo, 10 de octubre de 2010

De vuelta de las vacaciones

Ya he regresado de las vacaciones, no me deprimí; pero sí entiendo ahora por qué algunos se deprimen al finalizar días de descanso. No es mi caso porque estoy habituada a trabajar por turnos, pero dejar el lugar a donde fui a descansar, me ha costado. Hemos estado mi esposo y yo en un pequeño pueblo, el último de Extremadura, en la Comarca de Las Hurdes. Aquello es un lugar de ensueño, digno de las palabras que se atribuyen a Colón cuando llegó a Cuba: "Es la tierra más bella que ojos humanos han visto". 
Al ir subiendo las montañas y verte rodeado por tanto verdor y respirar un aire tan puro de pronto te olvidas de lo que has dejado atrás y no piensas más que en ver animalitos salvajes, ríos y riachuelos, piedras de caprichosas formas y valles preciosos. En los cinco días que estuvimos allí no tuve una tos, ni un broncoespasmo ni un poco de mucosidad, contando conque soy asmática y uso inhaladores a diario. Antonio no hacia más que repetirme: ¡Pipa qué bien te veo, aquí no tienes asma!. 
Fuimos en plan turismo rural total: botas, chandal, camisetas, y bicletas listas para explorar caminos transitables. La verdad es que hay que prepararse bien para ir con las bicis, pues alli hay mucha cuesta y lugares infranqueables (para unos principiantes como nosotros, of course). No obstante pudimos hacer buenas rutas y disfrutar del paisaje en dos ruedas, algo muy ecológico para el medio y buen ejercicio para el cuerpo.
Nos alojamos en Las Cabañas de Mestas, que están regentadas por un chico noruego, del que no aprendí el nombre y por dos muchachas, todos muy serviciales, agradables y enrollados. La comida es barata y de muy buena calidad (dice Antonio que se le ha subido el ácido úrico seguro). 
He subido un album de 30 fotos en mi facebook, para el que quiera verlas todas, aquí sólo puedo cargar unas cuantas, por problemas de la resolución, espero que les animen a hacer este tipo de turismo.


Aquí está la parte frontal del restaurante de Las Cabañas, donde nos comimos nuestros buenos solomillos...


Iglesia del pueblo, pequeña pero coqueta...


Arquitectura típica de la zona...



Ambas fotos son del Museo de la Miel, fundado por el Tío Pichín, aquí se pueden comprar productos exquisitos, todos sacados de la miel. Hay una bebida, el Ciripolen que es una pasada...


 Parte del campo por donde andábamos...


Es una de las cabañas..


Por aquí se entra a las cabañas...


 Mi Pipo posando para mi...a que está lindo? Es mi sol




Como pueden ver, ambos dispuestos a rodar por las laderas de las montañas...casi no se me ve detrás de las gafas y el casco...


Aquí subimos para ir a La Alberca, un pueblo perdido detrás de la montaña. En ese puerto se puede ver volar a los buitres, pero mi objetivo es muy poca cosa y la foto que saqué no vale la pena...


Y este es un señor de una aldea, Rebollosa, a donde fuimos tres veces para montar las bicis y ver unas cabras monteses que saltaban tanto que no hubo manera de filmarlas. Le dicen "el gallego de Rebollosa" y es una persona amable y me regaló unos tomates preciosos...


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