viernes, 15 de octubre de 2010

Y seguimos con santa Teresa de Jesús.

Esta meditación la estuve leyendo después de comulgar hoy; por supuesto que es de ella y sale también en el Magníficat de este mes. Lo transcribo tal como está escrito, aunque a veces se hace difícil de leer por ser en castellano antiguo. 
Es fundamental entender la vida de contemplación y acción que llevó a cabo esta mujer, para entender como ella la unión con Dios. A mi me deja anonadada, pues era como si siempre estuviese orando, cada palabra que escribía se expresa de tal forma que parece que está orando constantemente. Y este es un buen ejemplo:

"A mi parecer, si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, algunas me estuviera él, y más procurara que no estuviera tan sucia. Mas, ¡qué cosa de tanta admiración, quien hinchiera mil mundos y muy mucho más con su grandeza, encerrarse en una cosa tan pequeña! A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida.
Cuando un alma comienza, por no la alborotar de verse tan pequeña para tener en sí cosa tan grande, no se da a conocer hasta que va ensanchándola poco a poco, conforme a lo que es menester para lo que ha de poner en ella. Por esto digo que trae consigo la libertad, pues tiene el poder de hacer grande este palacio. Todo el punto está en que se le demos por suyo con toda determinación, y le desembaracemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia. Y tiene razón Su Majestad, no se lo neguemos.Y como Él no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos, mas no se da a sí del todo hasta que nos damos del todo"
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