sábado, 27 de diciembre de 2008

Señor: estás en mi Belén.

Has nacido el 25, en la primera hora y quiero que sepas, que te preparé un Belén pequeñito, pero muy amoroso. La Virgen está de rodillas, adorándote y San José, el carpintero que fue tu padre en la tierra, está un poco apartado, quizás sintiendo el peso del milagro presenciado y la responsabilidad futura. Imagino que todos los padres se preguntan muchas cosas cuando traen un niño al mundo:¿cómo será, qué le gustará, estudiará, será cortés y justo con todos?. Pero me imagino también que San José, ese santo tan callado, ya sabía en su interior lo que eras y serías: el Dios-con-nosotros del que hablaron las escrituras.
Como puedes ver no te faltan la compañía de la mula y la vaca, como exige la tradición belenística. Les he puesto unas pacas de heno, porque hace frío y les puede entrar hambre. Y el gallo está posado en el brocal del pozo, mirando a la mujer que viene con el cántaro. Solo tengo un pastorcillo con dos ovejas, espero que te gusten. Y el puente con la mujer fue una inspiración de última hora, pues no tengo mucho espacio físico y no sabía si se verían bien. A los Reyes Magos los tengo en un rinconcito, para darles tiempo a que lleguen el día 6. Ese día te voy a pedir más que de costumbre, así que no desesperes; porque tengo muchos encargos para tí. Pero el primero ya te lo he pedido desde siempre: dame mucho amor, mucho más, para poder darlo y repartirlo a manos llenas a mi alrededor. No te olvides de nosotros, de todos los españoles, danos a todos la gracia de reconocerte y amarte como te mereces.
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