martes, 16 de diciembre de 2008

Somos más de lo que parece.

Anoche estuve en la Escuela del MCC (Movimiento de Cursillos Cristianos) y me alegraba de ver a mis amigos llegar de la calle, con un frío que pelaba (por estos lares pela cualquier frío) y con la sonrisa de oreja a oreja. Y es que cuando vamos con esos deseos de compartir la fe, de estudiar y comentar la Biblia, la vida de Jesús, se siente uno tan bien, tan llamado a vivir la fe de manera real e incondicional que no puede dejarla guardada para sí.
Hemos comentado el Evangelio de San Marcos,1,14-20. Es en esos momentos en que Jesús comienza su vida pública, anunciando el Reino de Dios, y al pasar por el lago Galilea, vio a Simón y su hermano Andrés, que estaban pescando y les dijo:
-"Venid conmigo y os haré pescadores de hombres."

Al leer y analizar estos versículos, cada uno de nosotros puede sentirse como aquellos hombres: eran incultos, de extracción humilde y hasta ese momento no habían escuchado hablar sobre Jesús (o por lo menos, no le conocían personalmente). Y lo dejaron todo para ir con Él. Creo que es la llamada individual lo que nos hace reflexionar sobre la fe. Sentir que Alguien nos interpela, nos llama, nos enseña otra realidad, pienso que es la base de nuestra conversión a la fe.

En la reunión todos hablaron de su experiencia y era muy bonito y edificante ver cómo muchas de esas personas, aún habiendo sido educados y criados en el catolicismo, no se sintieron verdaderamente hijos de la Iglesia, hasta experimentar una situación o revelación personal con Jesús. Muchos se sintieron llamados al pertenecer a un movimiento juvenil, como las Juventudes Católicas. Otros fueron probados en la fe por situaciones familiares, personales o por alguna catástrofe colectiva, donde vieron la mano de Dios tendida para ayudarles a resistir. Otros sintieron la llamada a raíz de su participación en los Cursillos, a otros les llevó un amigo, un conocido de la familia. En fin: a todos nos llamó de formas diferentes, pero insistentemente, tanto que no pudimos negarnos a seguirle.

En la reflexión individual yo pensaba en mi encuentro real con la fe. Y digo real porque yo sabía de Jesús, pero le veía como un personaje histórico, anecdótico, no sabía hablar con Él; de hecho, no creía que fuera posible. Y Él me había tocado en muchas ocasiones de mi vida: cuando sólo tenía 5-6 años, por una situación entre mis padres (que finalmente terminaron divorciados) le recé, llamándole por el nombre de Hijo de Dios y de la Virgen María. Y no tenía idea de esas advocaciones, pues me crié en el más rancio comunismo. Más tarde, cuando tenía 28 años le invoqué , pero aún no había ni tocado la Biblia. La negación del hombre puede ser muy fuerte; pero su ignorancia aún más. Así las cosas, un día, ya ejerciendo mi especialidad en Bahía Honda, entré en la Iglesia del pueblo, guiada por algo que no supe identificar. Recuerdo que sólo vi, de espaldas, a un chico rezando de rodillas y el cura en la Sacristía, escribiendo en una mesa vieja y descolorida. Me senté en un banco y miré al Señor en la cruz, tan solo y desnudo y me sentí así: sola y desamparada. Era como si respondiera las interrogantes que, hasta ese momento, rondaban por mi vida. Y esa fue la llamada personal a la que me refería al principio: desde entonces le he tenido conmigo y ha estado a mi lado para guiarme, levantarme, alegrarme, amarme. Cuando leo el "sólo Dios basta" lo siento dentro del alma como una realidad.

La historia posterior la he contado en otras entradas: el chico que rezaba resultó ser Andrés, que había estudiado conmigo en el preuniversitario y fue el instrumento del que Dios se sirvió para llevarme al Catecismo, a la práctica diaria de la fe y a mi amistad con los salesianos.

Al final de la reunión, no pude evitar comunicarle a mis compañeros de Cursillos una noticia importante: somos muchos más de lo que se cree: en internet hay muchos blogs católicos, hay muchos escribiendo sus experiencia con la fe, ayudando a evangelizar con sus ejemplos. Y ellos se alegraron, como los discípulos de Jesús, después de la venida del Espíritu Santo. Y la fe lleva a muchos a las iglesias y hay muchos religios@s por el mundo, poniendo su granito de arena en la gran tarea que nos dio el Señor con el nombre de Andrés y Pedro: ser pescadores de hombres y anunciadores de la Buena Nueva.





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