miércoles, 18 de noviembre de 2009

En la Eucaristía te siento, Señor.



Cuando estoy en la Eucaristía y me arrodillo mientras el sacerdote está consagrando la Sagrada Forma , pienso solamente en pedirte que te quedes y me transformes, me cuides y sostengas, me perdones las faltas que cometo a lo largo del día y me acompañes enla noche. Hoy te decía (en esa fórmula que me inventé hace mucho, pero que voy alargando cada día más): "Señor mío y Dios mío, Dio y hombre verdadero, permite a este humilde cuerpo ser templo de tu cuerpo y haz que tu sangre corra por mis venas. Límpiame de todos los pecados anteriores y no dejes que vuelva a pecar. Renueva en mí la fe cada día, cada minuto, en cada situación, para que nunca baje la guardia y para que nunca se apague mi vela. Yo estoy esperándote hoy y quiero estar lista todos los días de mi vida. No permitas que los errores que pueda cometer me aparten de ti, dame tu mano y no la sueltes nunca. Te lo pido por tu Santísima Madre, amén".
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