domingo, 15 de noviembre de 2009

Una homilía muy pedagógica

No la he copiado en su totalidad porque creo que deberían pasar por su blog para leerla y dejarle un mensaje a través de él a los salvadoreños; pero no he podido dejar de poner aquí parte de esta homilía magnífica y muy pedagógica, que nos enseña en este domingo, penúltimo de este ciclo litúrgico.
Tragedia en El Salvador: Esperanza y Solidaridad
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autor: E. Baregó

" En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre. "(Mc 13, 24-32)Esta es la lectura del Evangelio que corresponde al Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, un domingo al cual le podríamos llamar el Domingo de la Esperanza. De esa esperanza escatológica que nos interpela al mismo tiempo que nos anima y motiva a dar respuesta trascendente en nuestras vidas. El Evangelio de hoy domingo que se lee en toda la Iglesia Universal(Católica), en el mundo entero, no es una mera casualidad sino una gran y aleccionadora causalidad, pues lo primero no existe, lo segundo es por lo que el mundo se mueve. Todo en este mundo es efecto de una causa, todo acontece por un por qué profundo, los acontecimientos de nuestra vida, los sucesos sociales y las tragedias naturales, como la que se ha vivido en El Salvador en estos días pasados y de los cuáles comenzamos a levantarnos, entran en la lógica divina; a veces tan distante de la lógica humana ( Cfr. Isaías 55, 8-9) pero siempre más profunda y sapientísima que cualquier cúmulo de sabidurías y raciocinios humanos (Cfr. Sabiduría 9, 1-6. 9 -11 ; 1ª Cor 1, 25) .Hoy que el evangelio nos habla de "En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán." (San Marcos 13, 24-25) Se me viene a la mente "la oscuridad y tribulación" horrorosa que pasaron decenas de personas en El Salvador por causa de las torrenciales lluvias del huracán Ida, en el momento en que desesperadamente intentaban sobrevivir a los embates de la naturaleza, algunos logrando el objetivo de salvarse, pero viendo como algún familiar suyo era arrastrado por la corriente hacia otro lugar y hacia otro estado de vida o en el menor de los casos viendo cómo sus pocas pertenencias se iban parcial o hasta totalmente en un río acaparador de todo lo que encontraba a su paso o de aguas que subían de nivel con un modo nunca antes visto por sus pupilas.Viendo la la tribulación vivida por mis hermanos y hermanas que murieron en tan trágico momento, se nos viene a nuestra mente la expresión de Jesús al inicio del evangelio de hoy. Pero no me quedo con ello si no que la lectura me lleva, como por inercia, a redescubrir, para este "signo de los tiempos" que En El Salvador hemos vivido, escuchar y actualizar las palabras de Jesucristo que también se nos leen en este domingo :"Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria" ( San Marcos 13, 26 ). Esto significa que este "tempus tragicus" en la vida del ser humano, con la fe en El Crucificado, de donde adquiere sentido trascendente todo sufrimiento humano, se convierte en verdadero Kairós, o sea, en tiempo oportuno de la acción soteriológica de Cristo. No hay muerte sin vida para quien cree ( Cfr. San Juan 11, 25), Jesús hablaba de esto con la metáfora "si el grano de trigo no muere no da fruto" (San Juan 12, 24). El Dios en quien creemos los cristianos nos revela esto. Que no viene a ser una especie de consuelo para perdedores, aquellos que por no ganar el primer premio tienen que conformarse con lo que a veces se llama "premios de consuelo", un segundo, tercer, cuarto lugar o menciones honoríficas; premios de segunda, tercera o cuarta para los que perdieron lo mejor, pues ya no se puede hacer más que conformarse con el "consuelo" de estar en un lugar al menos. La creencia en la vida Eterna y en Dios que mira el sufrimiento y dolor de los más pobres y humildes para recompensárselos (Cfr. San Mateo 5, 1-10), en el Dios que no se recrea en el dolor humano.En el Dios que es dador de vida cuando para el humano lo que hay es muerte, no es premio para perdedores es el Primer y Gran Premio para los ganadores. Aunque ahora surge una vez más la pregunta ¿dónde está Dios que es Amor, cuando mueren tantos y tantas de modo inocente?, ¿dónde está ese Dios que se olvida del hombre, pues deja que éste sea destruido en el mar del sufrimiento y dolor?. Y hay que volverlo a decir nuevamente: ahí estuvo Dios, en el niño, joven o adulto que agonizaba ahogado o golpeado por el alud mortal que le arrastraba, ahí esta aún, sufriendo la pérdida de sus seres queridos, viendo cómo ha perdido su casa, sus únicas pertenencias, Ahí está Dios junto y en las víctimas de esta tragedia, dándoles fuerza, esperanza; en la gente que en medio de lágrimas, sabiendo y sintiendo el dolor de las pérdidas humanas y materiales hablan ya, casi inmediantamente, de volver a levantarse, de querer vivir y seguir luchando. ¡¡¡ Esta es la voz de los pobres y necesitados, dándole de nuevo a los poderosos y ostentados, a los ateos indeferentes, al mundo entero, creyente o no creyente, una tremenda cachetada de fe, valentía, reciedumbre, perseverancia y sobre todo esperanza en sí mismos nacida de su fe en Dios, dando la fuerza de la esperanza que tienen en Dios!!!..
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