domingo, 30 de mayo de 2010

Día Pro orantibus



No quiero dejar pasar este día tan señalado sin recordar a aquellos que oran por todos nosotros, por el mundo, por los enfermos, por los pecadores, por los amigos y por los enemigos, por la paz, la solidaridad, la conversión sincera de las almas: los hombres y mujeres que han consagrado totalmente (en una llamada dentro de la llamada muchas veces) a Dios por los hombres.

Ellos, que están, podría decirse, en intimidad constante con Dios, viven una vida recogida e invisible a los ojos del mundo. Hay que ser muy valiente para dejarlo todo atrás, pero, sobre todo, hay que tener mucho amor para dedicar todas las horas del día a salvar almas. Pues eso era lo que decía Santa Teresita: dame almas para llevarlas a Tí, Señor.

Aquí, en la red, conocemos a algunas porque escriben al mundo para que comprendamos lo felices que son viviendo esa vida y ya hay varios documentales que nos hablan de ellos.

Recemos nosotros hoy para que se mantengan fieles a la llamada, para que se entreguen cada día más, para que haya muchas más vocaciones y para que sigan siendo el tesoro de la Iglesia.


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