martes, 25 de mayo de 2010

María Auxiliadora, ruega por nosotros


Posiblemente, si Don Bosco no la hubiese hecho suya, o mejor dicho, si la Virgen no se le hubiese aparecido al fundador de los salesianos bajo esa advocación, quizás yo no la hubiese conocido. Pero se dió un día el que la conociera, allá en Cuba, de la mano de los padres salesianos de La Habana Vieja y las FMA de Guanabacoa. Ellos y los chicos del oratorio, junto con los aspirantes, postulantes y novicios, me enseñaron a amarle y venerarle bajo ese nombre tan significativo.

Después, con el tiempo he leído sobre la historia y origen de la veneración. Cada año, desde que vivo en Huelva, he acompañado su procesión con mi Rosario en la mano, pidiendo su protección y ayuda para todos los cristianos.

Ayer no pude ir por motivos de trabajo, pero no dejé de pensar en Ella, dedicándole jaculatorias y pensamientos mientras le pedía auxilio para todos los enfermos que atendí. Pero como no quiero quedarme con las ganas, aquí subo esta foto del año pasado, para que vean qué linda es nuestra María Auxiliadora: con su carita de andaluza medio gitanilla, con esa expresión tan dulce, que parece invitarte a hablar con Ella un ratito, sin prisas. Ella le prometió a Don Bosco que siempre nos ayudaría, que siempre nos guiaría hasta su Hijo.


Y como no puede ser de otra forma le voy a hacer mi petición:


Te pido, María, Auxilio de los Cristianos, que no dejes de socorrer a todos los que te necesitan en estos días de tantos problemas. Ayuda a las familias, para que, encontrando el amor de Dios, puedan encontrar la paz.

Te pido por los enfermos y sus familias, por sus cuidadores y sus médicos, para que aprendan los unos de los otros que el dolor y la enfermedad deben servir para sacar los mejor de cada uno, uniéndolos más en la lucha por la vida en todas sus fases.

Te pido por todos los que escriben en la red sobre Dios y su amor, para que sean buenos y grandes apóstoles de su fe y ayúdalos a ser mejores seguidores de tu Hijo cada día.

Por último te pido que cuides a nuestros sacerdotes, esos que eligió el mismo Señor, para que sean buenos pastores y mantengan siempre las promesas de su ordenación. Y que cada día estemos más unidos a ellos.
María Auxiliadora, ruega por nosotros.

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