viernes, 7 de marzo de 2008

Consolación del Sur

Aún recuerdo el parque de la Iglesia con cariño, podría decir con devoción: allí íbamos a escuchar la "retreta" del domingo. Era un acontecimiento que mi hermana y yo esperábamos con ilusión, pues en medio de la glorieta (que en la foto no se aprecia), se ponía la Orquesta Municipal a interpretar un repertorio amplio, culto e internacional. Allí se tocaban piezas de los más importantes compositores cubanos como Ernesto Lecuona, Caturla, Leo Brawer, Hubert de Blanc y muchos otros. Pero también se tocaban las maravillosas piezas de Mozart, Schubert, Shaikovsky, y óperas de Verdi y Puccini que nos transportaban a lugares maravillosos, a épocas donde se usaban pelucas y se bailaba sin tocarse prácticamente. De todas las piezas las que más nos gustaban eran las de zarzuelas españolas. Nos encantaba pensar que éramos parte de España por nuestras raíces y porque desde muy pequeñas habíamos leído y estudiado la literatura (esas letras gloriosas que nos hacían soñar con La Mancha del Quijote y Sierra Morena, escondite de bandidos de la talla de Curro Jiménez) y las zarzuelas nos llevaban a visitar las calles de Madrid, con sus chulos y floristas.
En ese parque existía una tradición desde antes de nacer nosotras: los jóvenes paseaban en una dirección y las jóvenes hacia la otra, consiguiendo con esto encontrarse en algún momento de la vuelta. Era emocionante poder verlo con nuestros propios ojos, aunque no duró mucho más de mis diez años. Muchas tradiciones se pierden así, es parte del desarrollo, pero sigues pensando en ellas como algo bonito.
Nos gustaba estar allí cuando daban las campanadas, y sentarnos en el muro de la Iglesia, mirando como muchos niños católicos entraban con sus padres. Ni soñarlo nosotras: la fe fue algo que se nos prohibió desde muy temprana edad. Pero la fe es algo que Dios nos da gratuitamente y el ansia de nuestras almas va hacia Él de forma natural. Ahora vivo libre y puedo adorarle sin ninguna traba ideológica que me lo impida pero siempre llevaré en mi memoria esa iglesia de Consolación del Sur, dedicada a La Candelaria, a la que nunca pude visitar.
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