lunes, 10 de marzo de 2008

La fiesta de los quince.

¿Qué niña cubana no ha soñado por llegar a sus quince años? Aquello era un fenómeno dentro de la familia, algo de tal magnitud que no escatimaban nada: desde alquilar un local "de moda" hasta ir al pueblo de Artemisa a llorarle una cita a tiempo a la fotógrafa más famosa de todo Pinar del Río (de cuyo nombre no puedo acordarme). Era la competición más famosa entre las adolescentes: "yo quiero un vestido de cola porque a fulanita se lo han alquilado así", o "yo voy a celebrarlo en El Rancho porque es el más de lo más".


Yo no me corté el pelo hasta el mismo día de la fiesta, pues mi madre quería que me tirara las fotos con el pelo hasta la cintura (error craso si llego a hacerlo pues era pelo y diente namá) y me dejó en la peluquería sola, "sola ante el peligro" que era una mulatona, Sarita la peluquera, que me preguntó (como si yo lo supiera): ¿por dónde te lo corto niña?. Yo levanté los hombros, de pura ignorancia y ella aprovechó y metió tijera por ese mismo lugar, así que llegué a mi casa con el pelo cortado a lo francés y a mi madre por poco le da un patatús. La verdad es que en las fotos, hechas por el amigo Goyo, que era el único fotógrafo de mi pueblo, me veo bastante bien jejeje.


En la fiesta era tradición que te sacara a bailar un chico de tu grupo (claro que tratabas de escoger al más guapo, lo cual era motivo de competición también) para bailar una primera pieza musical, que en mi caso fue "Hotel California", que hacía furor por esa época y en el caso de las más favorecidas, cuyos padres tenían más dinero o trabajaban en un lugar estratégico, era un vals. Lo del baile quedaba muy bien porque el traje para salir y tirarte las primeras fotos era un traje similar a los de las novias actuales, eso es: de bata de cola, de volantes, con aros, lisos, con mangas, sin ellas. En resumen: nos disfrazábamos de novias sin saberlo. Aún se me erizan los vellos de la emoción al recordar la parafernalia que se armaba alrededor del acontecimiento: hacer las tarjetas, las listas, las cajitas para repartir el comestible, las flores.


¿Qué se repartía de condumio? Pues lo que hubiese en esos días; pero lo más frecuente era la ensalada fría (la hermana de la ensaladilla rusa española; pero en versión caribeña) los bocaditos con pasta de jamón, que son como unos mini bocatitas con un tipo de paté de jamón; refrescos, que aún no te autorizaban a beber nada más fuerte, aunque se permitían cervezas a los adultos y los chicos varones se escapaban y bebían entonces algo. Por supuesto en otros quince se mataban lechones y corría el ron.


Llegó la noche y ahí estaba yo, oronda señorita de la mano de Ernestico, mi vecino de arriba, rodeada de amigos, bailando una canción que me encantaba y con un vestido de color rosa, al más puro estilo Barby (creo que por eso me gustan tanto sus dibujos animados) feliz de realizar el sueño de mis quince años: presentarme como una princesa por un día. Lo mejor de todo es que pude bailar hasta la madrugada sin que se rompiera el hechizo y mis amigos se fueron felices y contentos después de despatillarnos con los Bonny M, Maykel Jackson, ABBA, y toda la música cubana que se recolectó para la ocasión.
Solo puedo concluir que fue un dia feliz que he rememorado para tratar de transmitirles mi felicidad de aquel momento, espero que lo disfruten. Gracias, Marisela.



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