viernes, 7 de marzo de 2008

La sombra de la muerte.

Hoy he llorado con dolor visceral, profundo, por un ser humano al que no conocí, del cual posiblemente no hubiese escuchado nada, de no ser porque le han matado vilmente. Hoy he guardado luto por un hombre con nombre de profeta: Isaías Carrasco. No se quién era pero puedo reconocerle por sus obras: trabajador, sacrificado, consecuente con sus ideas y luchador, esto por supuesto, de otra forma no se concibe a los que dan la cara por todos los españoles en un lugar donde es difícil, casi imposible, decir que lo eres. He visto su foto: guapo, joven, como dirían las abuelas, un chico de buen ver. Y he sabido de su familia: una esposa, hijos. No han matado, por tanto a un solo hombre sino que han destruido una familia. Tan comunistas que dicen ser los que siguen las ideas de extrema izquierda y aquellos que les avalan y apoyan ante la democracia y no se acuerdan de que Marx, ese filósofo que ideó el comunismo científico, dijo alguna vez que "la familia es la célula de la sociedad". Imagino que estos asesinos (etarras y compañía) no se han leído esa parte de la doctrina marxista/leninista. Y es evidente por la cantidad de familias que han destruido con la justificación (para aquellos a los que les baste una simple justificación de la barbarie) de estar defendiendo un país que históricamente nunca ha existido.

Da verguenza ajena conocer las formas de mentir que se buscan aquellos que quieren llevar a los vascos por el camino de la venganza y el separatismo. Da igual que se tenga una anomalía genética en sangre o que crien un ganso que sólo crece allí, como da igual que hablen un idioma que no tiene raíces aparentes. Lo cierto es que Las Vascongadas son españolas como que el sol no se puede tapar con un dedo. Y miles de dedos son los que tendrían que estar señalando a esos que aprietan los gatillos, llevándose vidas inocentes. Miles de dedos y miles de manos blancas deberían estar ahora mismo condenando a los asesinos & cía, colaborando para que no puedan hacerlo más, para que no tengamos que estar ante otro crimen, impotentes ante la maldad. La sombra de la muerte ha planeado sobre España para amilanarnos, para amedrentarnos, para que vayamos a las urnas con el corazón encogido, pero yo digo: este es un país con mucha historia, con mucha gente sencilla y noble que no se rendirán ante la ignominia y la rabia terrorista, que recogerán el guante y lucharán para que no queden crímenes como este impunes ni olvidados. Esto también es memoria histórica.
Publicar un comentario