viernes, 7 de marzo de 2008

Un angel ha llegado al cielo.

Es desgarrador ver cómo el dolor se ceba en otro ser inocente. Ya son muchas las veces que estamos frente al televisor y dan noticias de ese tipo: un niño o niña ha desaparecido y no se ha pedido rescate, o se busca adolescente que salió de casa y no ha regresado. Desde que llegué a Europa he tenido que sufrir escuchando y viendo reportajes sobre familias que esperan contra toda esperanza; he visto las imágenes de los lugares donde vivían, las búsquedas incansables de las autoridades y voluntarios. Me vienen a la mente niños, adolescentes y jóvenes cuyas vidas terminaron cuando a algún desalmado se le "ocurrió" frenarles en pleno vuelo; pero hoy se me encoge el corazón al pensar en Mari Luz, esa niña onubense llena de gracia y salero, la más pequeña de una familia humilde. Hemos visto los vídeos un cumpleaños, bailando y apagando las velitas de la tarta y pienso que ya no volverá a hacerlo. Pienso con dolor que, por mucho que queramos, nada la devolverá a unos padres que hoy están destrozados, pero no sólo hoy: este es un dolor que les perseguirá cada día de su vida. Lo único que podemos hacer los ciudadanos de a pie es darles nuestro apoyo y decirles que no están solos. Ellos son cristianos y tienen la certeza que hoy ha llegado un ángel al cielo.
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