miércoles, 14 de mayo de 2008

Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

Ya he comentado, en alguna entrada anterior, que pertenezco a un movimiento espiritual denominado APOR. Son las siglas del Apostolado de la Oración. Nuestra espiritualidad es ignaciana, muy dirigidos por el Sagrado Corazón de Jesús y a la Madre de Dios y Madre nuestra. Por todo ello llevamos un tiempo haciendo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, pero adaptados a la vida diaria. Está siendo una experiencia enriquecedora en todos los sentidos porque me ha llevado a una mayor unidad con el Señor y a esforzarme más como cristiano actual, de este siglo.

Hago esta introducción porque quiero compartir con vosotros, blogueros que andan por aquí, un relato corto, es como una prosa poética, diría yo, que he leído en el transcurso de mis ejercicios.Es de una religiosa que se llama Margaret Halaska, O.S.F. y dice así:



LA SUAVE INICIATIVA DE DIOS:



El Padre llama a mi puerta buscando un hogar para su hijo.

-El alquiler es barato, de verdad-le digo.

-No quiero alquilarlo, quiero comprarlo-dice Dios.

-No sé si querré venderlo, pero puedes entrar y echarle un vistazo.

-Sí, voy a verlo-dice Dios.

-Te podría dejar una o dos habitaciones.

-Me gusta-dice Dios-.Voy a tomar las dos. Quizás decidas algún día darme más. Puedo esperar.

-Me gustaría darte más, pero me resulta algo difícil; necesito cierto espacio para mí.

-Me hago cargo-me dice Dios-, pero aguardaré. Lo que he visto me gusta.

-Bueno, quizás te pueda dejar otra habitación. En realidad no necesito tanto.

-Gracias-dice Dios-. La tomo. Me gusta lo que he visto.

-Me gustaría darte toda la casa, pero tengo mis dudas.

-Piénsalo- dice Dios-. Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi hijo viviría en ella. Y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca.

-No entiendo lo que me estás diciendo.

-Ya lo sé-dice Dios-; pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y eso sólo puede suceder si le dejas a él toda la casa.

-Un poco arriesgado, ¿no?.

-Así es -dice Dios-; pero ponme a prueba.

-Me lo pensaré. Me pondré en contacto contigo.

-Puedo esperar-dice Dios-. Lo que he visto me gusta.



Es una parábola que explica fielmente nuestra actitud ante Dios, ante su Gracia, hacia el Espíritu. ¿Cuántos de nosotros podemos vernos reflejados en ella?. Sin duda, muchos. Y es que somos así: si damos, nos queremos quedar con algo. Si sentimos, queremos conservar esa sensaciçón en el fondo del corazón, donde nadie pueda ver lo vulnerables que somos. Y Dios nos ofrece más de lo que podemos darle: un Corazón donde llevar todos nuestros pensamientos, palabras, obras y cuanto más lo llenamos, más espacio encontramos. Y lo mejor de todo es que, aunque yo me rinda, aunque flaqueen mis fuerzas, Él siempre está esperandome; porque "le ha gustado lo que ha visto".
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