martes, 13 de mayo de 2008

Nuestra Señora de Fátima.

El 13 de Mayo de 1917, la Virgen María se apareció por primera vez en Cova de Iria, cerca de Aljustrel, Portugal, a tres pastorcillos: Jacinta, Francisco Marto y su prima Lucía. Como siempre, la Virgen se aparece en momentos de tensión para el mundo, cuando más falta hacen sus consejos y ayuda, dejando su mensaje a los más pequeños, a los más humildes dentro de los hombres. Ya sabéis que estuve en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima hace un mes, como participante del grupo de cursillista de Huelva y han visto fotos. Hoy voy a poner más fotos: la encina milenaria donde esperaban los chicos a la Virgen, la Capilla que hay a su costado, la nueva Basílica y la Basílica principal, donde descansan los restos mortales de aquellos niños que vieron su rostro y fueron fieles a su mensaje.





El mensaje de la Madre del Señor y Madre nuestra sigue vigente: creo que hoy, como ayer necesitamos rezar constantemente, por nuestros pecados y por el de todos los hombres, para que venga la paz y hayan conversiones continuas, que el pecado del hombre es darle la espalda a Dios, negarle el amor que Él nos dio primero. Hoy es un día para la reflexión tranquila, para rezar un Rosario por las almas de los que están pasando hambre, necesidades, para acordarnos de los pueblos sin libertad, de los países que están sufriendo catástrofes, para rogar por aquellos que se alejan cada vez más de Dios, por las personas que sufren cualquier tipo de maltrato, sea mujer, hombre o niño. Hoy hay que rezar el Rosario por nosotros para que perseveremos en la Fe, para que no nos sea indiferente nada humano, para que no demos la espalda a los problemas que se nos plantean cada día. Para que veamos la luz y no sólo las tinieblas, porque la gran esperanza del cristiano es esa: Dios no ama y nos mandó a su Hijo Único, por eso no podemos tener miedo, como decía Juan Pablo II, hijo predilecto de la Virgen de Fátima.





Termino con una oración:


Oración

a

N. S.

de

Fátima.







Virgen Santa, en medio de vuestros días de gloria,

no olvidéis la tristezas de la tierra,dirigid

vuestra mirada bondadosa hacia todos
aquellos que sufren, que luchan con las dificultades
y no dejan de acercar un solo día sus labios
al cáliz de la amargura.

Tened compasión de aquellos que se amaron

y que están separados.Tened compasión

del aislamiento del corazón. Tened compasión

de la flaqueza de nuestra fe. Tened compasión

de todo lo que es objeto de nuestra ternura.

Tened compasión de los que lloran, de los

que ruegan, de los que tiemblan, y dadle

a todos la esperanza y la paz. ¡Amén!





Esta placa recuerda la encina, que ya han visto en la foto de arriba. cuando la leíamos, nos emocionábamos al saber que, hace años, bajo su sombra esperaron aquellos "pastoriños", con toda su fe y amor, expectantes ante las palabras de amor y esperanza de la Virgen.

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