sábado, 24 de mayo de 2008

Sobre las personas que nos rodean.

He leído, blogueando por la red, un artículo interesante acerca de la sensibilidad que tienen algunas personas. Se decía que algunos son tan sensibles que hay que andar con pies de plomo al hablarles, para no ofenderles. De este post saco una conclusión: ¿acaso es mejor aislar a esas personas y no tratarles porque tememos su respuesta?. Yo soy algo cabezota y cuando alguien es de esa forma, un poco "tiquismiquis" o de personalidad hipersensible, lo que trato es de hablarle más, demostrándole que no se puede excluir de la sociedad en que se desenvuelve. Creo que muchas veces pecamos de airear los problemas del prójimo sin pararnos a pensar que quizás lo que necesitan es un oído receptor, un consejo, una mano amiga. Este es uno de esos momentos en que es preferible "coger el toro por los cuernos".

¿Cuántas veces te presentan a alguien y te llevas una impresión errónea, y al pasar los días y profundizando, acabas entendiendo?. Muchas, nos pasa a todos. Pero debemos tener en cuenta que la educación, la tradición, la familia y el medio es diferente para cada uno de nosotros y que no somos más que el reflejo de aquello que nos influye.

Por eso debemos abogar por la paz, no como idea abstracta o en referencia sólo a la guerra (que ya es muy mala), sino a la guerra interior que tenemos que librar a la hora de entablar relaciones con personas a las que tenemos por "difíciles". Y no es que seamos masoquistas sino que tratemos de ponernos en el lugar del otro, sin dejar pasar la grosería, eso no; pero sí suavizando la frase que vamos a contestar. Eso es difícil, está claro, pero es la única manera de que no vayamos por ahí peleando con todos. Porque si me pongo a pensar: y a mí ¿quién me aguanta? ¿Quién justifica mis malas actitudes, mis cambios de humor, mi mala respuesta en muchos casos?


Cuando me encuentro en ese dilema yo hablo con Dios Trino y le pido la sabiduría del Padre, el amor del Hijo y la fuerza del Espíritu para entender a esa persona y a mí, ofreciéndole mi acción, tratando de HACER lo mejor posible. A veces se choca contra un muro, pero ningún muro es eterno y sí lo es la palabra de Dios. Y a veces, el muro más grande que tenemos que derribar, es el nuestro. Por eso seguimos a Jesús: el camino es difícil; pero ya tiene las señalizaciones.

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