jueves, 31 de diciembre de 2009

Vendrán muchos años nuevos...


Hoy es un día especial para muchas personas en el mundo: dejan atrás un año y comienzan otro. La expectación es cada vez más intensa a medida que se acerca el último día del año. Creo que todos los años pasa igual: el ciclo se repite. Dejamos amigos, encontramos otros; lloramos por los que se fueron, no alegramos por los que nacen; pronunciamos la palabra mágica al hermano que se separó un tiempo y pedimos perdón (los que logran atesorar la suficiente humildad como para ello) o damos gracias.

Todos los fines de año comienzo mi ciclo pidiendo salud, amor y consuelo. Salud porque es un tesoro preciado y escaso; amor porque cada día quiero renovar mis sentimientos particulares ( a mi marido que es un sol) y generales (a todos los amigos y menos amigos que voy encontrando por el camino) y consuelo para las heridas que están ahí, aunque se ignoren la mayor parte del tiempo.

Ahora estoy leyendo El Libro de las Horas, de Thomas Merton y encuentro salmos preciosos por el contenido tan sencillo y complicado a la vez: el tiempo es algo que siempre nos aprisiona, si no sabemos cómo desligarnos de él para hablar con Dios a solas, en intimidad, sin ataduras ni lastres. Nos movemos en círculo, sin mirar al mundo que nos rodea con la mirada primera del Creador, sin pararnos a pensar, siempre apurados, trasnochados, somnolientos ante las desgracias ajenas.

Y eso es lo que pido este año: que el Señor esté presente en todos mis actos, que no me separe de Él y que siga contando con la gracia de su perdón.


Hoy las preces de la oración matinal del Magníficat nos decían:


"Oh Señor,

mientras que el tiempo agota todas las esperanzas,

¡tú sigues siendo la única esperanza!.

Mientras se consumen los siglos y los milenios

tú sigues siendo perennemente joven.

Mientras que las riquezas revelan cada vez más

su rostro frágil y decepcionante,

tú todavía nos asombras y atraes

con la única, con la pura, con la absoluta

pobreza de Belén.

Tú, pobre de Belén,

eres la respuesta que no escuchamos.

Tú, pobre de Belén,

eres la riqueza que no entendemos.

Tú, pobre de Belén,

eres la paz que tanto nos falta."


Angelo Camastri.


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