martes, 6 de enero de 2009

Epifanía del Señor.


Hoy culminan, por así decirlo, los días de fiesta; pero para los cristianos comienza una nueva andadura espiritual: hoy es Epifanía del Señor, momento donde se da a conocer el Niño-Dios a todos y, por tanto, a nosotros. Caminaremos otro año de su mano, unas veces más sujetos que otras, unas veces renquearemos por nuestros defectos; pero Él siempre nos sostendrá.
En la homilía de hoy, el Papa ha explicado como la Epifanía se corresponde con la Adoración de los Reyes Magos, pero también se corresponde con el bautizo en el Jordán y para otros, es el momento de las bodas de Caná. Eso se debe a la Tradición judeo cristiana. En cualquier caso, el momento de la adoración de los Reyes Magos es fundamental, pues fueron guiados por una estrella, ellos que eran personas de otro mundo, con otras tradiciones y creencias. Eso nos da una idea de la universalidad de nuestro Dios. Él vino para todos, se hizo carne con nosotros y fue capaz de ver a través de nuestros ojos. Hasta llegar al sacrificio máximo.

San Juan Crisóstomo
nos dejó unas palabras muy edificantes acerca de estos momentos que vivimos el día de Epifanía del Señor:

"Levantémosnos, a ejemplo de las magos. Dejemos que el mundo se turbe, pero nosotros
corramos al establo del niño. Que los reyes, sus pueblos y los tiranos se esfuercen en barrarnos el camino, no importa, no frenemos nuestro ardor. Rechacemos todos los males que nos amenazan. Si no hubieran visto al niño, los Magos no habrían escapado al peligro que corrían por parte del rey Herodes. Antes de difrutar la felicidad de contemplar al niño, eran presos del temor, estaban asediados de peligros, hundidos en la turbación. Después de adorarlo, la calma y la seguridad llega a sus almas....
Dejad, pues, aquí la ciudad en desorden, un déspota sediento de sangre, todas las riquezas de este mundo, y veníd a Belén, la casa del pan espiritual... Posternémonos, dejemos todo lo que tenemos en las manos. Si tenemos oro, démoslo sin reserva y no lo retengamos... Unos extranjeros emprendieron un camino muy largo para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué recurso tenéis para explicar vuestra conducta, vosotros que rehusáis visitar a un prisionero o a un enfermo?. Los magos ofrecieron oro; ¡vosotros apenas dais un trozo de pan!. Los Magos encontraron la estrella y su corazón se llenó de alegría, y vosotros, que veis a Cristo en una tierra extranjera y sin vestido, ¿no os dejáis conmover?."

Fuertes y ciertas palabras las de ese gran sabio y santo católico, así que imitemos a los Magos y dejemos volar nuestro corazón tras la estrella, sin ataduras ni exclusiones, que Dios se hizo Niño para todos, para repartir la alegría de saber que no estamos aquí de balde, ni solos, que somos hijos por la gracia de Dios misericordioso.
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