martes, 27 de enero de 2009

La conversión de San Pablo.

Podría parecer que me he olvidado de hablar de San Pablo; pero no ha sido así: es que llevo unos días un poco "raros" y no he sacado tiempo para publicar. Hoy me siento mejor y quiero empezar regalándoles una poesía que me ha gustado mucho y que resume muy bien el encuentro de Saulo con el Señor.


¿Cómo has logrado, Señor,

este cambio nunca visto:

de Saulo, el perseguidor,

en Pablo, heraldo de Cristo?.



Pablo muele en su molino

el Antiguo Testamento,

Cristo le sale al camino,

le arrastra en su seguimiento.



Siempre la Iglesia recibe,

como un eco del Señor,

las cartas que Pablo escribe,

dictadas por el amor.



Infatigable viajero,

recorres la tierra entera,

apóstol y misionero

hasta el fin de tu carrera.



Como una flecha bruñida,

vas a la meta, de suerte

que sólo Cristo es tu vida,

y una ganancia la muerte.



Descúbrenos la victoria

de Jesús crucificado,

para compartir la gloria

del Señor resucitado.



Este domingo, todos los que hayan estado en misa, han celebrado la "Conversión de san Pablo apóstol", con motivo del Año Jubilar. Ha sido un oficio de carácter pedagógico, pues nos muestra la importancia que la Iglesia le da a esa parte de la vida del apóstol y a la esperanza que tiene puesta en su ejemplo.

Voy a referirme solamente a algo que nos toca muy de cerca hoy, a más de dos mil años de sucedido: la conversión de una persona es un encuentro muy individual en la cual, casi no participa en el principio, pues es Dios el que escoge y llama. Hay muchos cristianos que lo son "desde la cuna", siguiendo las enseñanzas de sus mayores: esos son privilegiados que conocen a Dios, tienen su amistad desde el bautismo y siguen su fe, siendo felices por ello. Pero otros, como Pablo, rechazan a Jesús como Hijo de Dios, no reconocen lo que les falta a su vida y se pasan el tiempo aborreciendo a los que creen.
Él era un perseguidor de cristianos, ( no porque no creyera en Dios: era fariseo, creía en la salvación por la observancia de las Leyes), intolerante y obtuso hasta que "se cayó del caballo". Los pasajes bíblicos que hablan de ese momento son preciosos, pero no los pondré, pues espero que cojan sus Biblias y los lean atentamente.
La actitud de Pablo de someterse a la voluntad divina, su comprensión final de que sólo la misericordia de Dios nos salva, su aceptación de la gracia por medio del bautismo, nos sirve a nosotros de guía en el camino como seguidores de Jesús. Decía Sto Tomás de Aquino que en las misas se leen las epístolas pulinas precisamente para que lo pecadores mantengan la esperanza en la misericordia de Dios.
Yo personalmente, me siento feliz cuando leo sus cartas pues, a través de ellas veo a un hombre que, sabiéndose pecador, logra tener la certeza de que ha sido perdonado y decide darlo a conocer, sintiendo alegrías y dolores por aquellos a los que van dirigidas, llamando a las puertas y dando su vida (no solo la física) por ellos. El amor que repartió hacia sus discípulos, el apoyo, las enseñanzas: todo me habla a través de los años y me sirve de alimento y aliciente, me fortalece mi fe.
Él dijo: "Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo". (1Co 1,9). Creo que esa frase lo resume todo en la vidade fe de un cristiano.




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