jueves, 16 de julio de 2009

A la Virgen del Carmen.

¿Quién eres tú, mujer, que, aunque rendida
al parecer, al parecer postrada,
no estás sino en los cielos ensalzada,
no estás sino en la tierra preferida?.

Pero, ¿qué mucho, si del sol vestida,
qué mucho si de estrellas coronada,
vienes de tantas luces ilustrada,
vienes de tantos rayos guarnecida?.

Cielo y tierra parece que, a primores,
se compitieron con igual desvelo,
mezcladas sus estrellas y sus flores;

para que en tí tuviesen tierra y cielo,
con no se qué lejanos resplandores
de flor de sol plantada en el Carmelo.






Este poema, que he tomado del Propio de los Santos, del Diurnal, refleja con su lírica belleza, el sentimiento de amor hacia la Madre que, estuvo postrada a lado de la cruz y de allí floreció en Madre de todos los hombres. A ella rogaremos por las vocaciones religiosas, pero también por nuestra vocación como hijos de Dios, para que seamos sembradores de esperanza en este mundo que cada vez más da la espalda a la fe, la esperanza y la caridad.

También se lo dedico a toda la gran familia Carmelita y a todas las Carmen que pasen por aquí.

Publicar un comentario