domingo, 19 de julio de 2009

Palabra de Dios para hoy, 19 de julio, Ciclo B.

Hoy las lecturas continúan hablándonos de lo que lo han hecho en los dos domingos anteriores: los profetas y el pastor. Hemos visto cómo el Señor escogió a sus profetas entre gente humilde y que parecería que no podrían con su carga. Pero Dios les dio confianza y ellos fueron fieles apóstoles. Nadie nace sabiendo, pero Dios les enseña. Esa es la primera lección que se nos da. Pero Dios distingue entre pastores buenos y malos, pues es inevitable que algunos vivan para sus ovejas y otros vivan de ellas. Así, el Señor nos advierte que Él lo sabe todo y tendrá en cuenta las acciones de aquellos que eligió para llevar su rebaño. No nos dejemos engañar: aunque hayan algunos garbanzos negros, son los menos y a esos, les llegará su castigo.
En esa priemra lectura, Dios hace una serie de promesas a Israel, como pueblo elegido, que perduran aún hoy: Él nos traerá justicia, paz, nos reunirá a todos alrededor de su mesa.
Es difícil pensar en esas cosas cuando vivimos en el mundo y vemos cómo se contradicen y pelean los pueblos entre sí. Pero nuestro reino no es de este mundo, ya lo dijo Jesús, y todos nuestro esfuerzos aquí van encaminados a ayudarnos a llegar a ese lugar (que nadie puede explicar qué o cómoo es). Por eso todo lo que debemos hacer en esta vida es amar como Él nos amó a nosotros, hasta el sacrificio supremo, si fuera necesario.
Así que para seguir al Señor todo lo que debemos hacer es esforzarnos en el amor: aunque tengamos horas difíciles, sólo eso se nos va a exigir.





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