lunes, 7 de septiembre de 2009

La dolorosa dicotomía de mi felicidad.


Llevaba algunos días (bastantes me parecen a mí) sin escribir porque no andaba el ánimo para ideas. Por una parte la expectativa de un trabajo para mi esposo, recién graduado de Técnico en Radioterapia se ha hecho realidad en forma de una clínica privada, nueva y muy moderna; pero por otra parte, el dolor de la separación no dejaba que mis neuronas hicieran conexión. En fin: que no podía pensar en otra cosa que en mi Antonio.
Después de una semana de dormir con Coco (Cocodrilo, mi pequeño amigo de Ikea), de Rana (regalo de mi sobrino) y de entablar conversaciones interminables con mi querida perra Jara, me he dado cuenta de que es difícil tener las dos cosas a la vez: o tienes trabajo o tienes marido.
Bueno, marido seguiré teniendo todo el tiempo que Dios me lo cuide; pero la verdad es que se me hace difícil separame de él. Creo que nunca he suspirado más por el carné de conducir que en estos días. Es que está a unos 300 km de Huelva y no es que eso esté "al cantío de un gallo".

¿¡Que se le va a hacer, si la felicidad a veces es dulce y otras te amarga!?

Gracias a Dios que le tengo a Él para que se ocupe de mis llantinas y pesares, que si no fuera por las horas en que le platico y le rezo por mi esposo y familia, olvidándome durante un rato de mi personal aflicción, no se por dónde andaría mi cabecita a estas alturas.

En fin: esta es la dicotomía de la felicidad.

Pero ante todo, doy gracias a Dios y, espero que ustedes también lo hagan por mí, porque mi Antonio tiene un trabajo que le gusta, en el que es útil y con el cual ayudará a la maltrecha economía en que se está moviendo este barco. Demos gracias y esperemos que otros muchos puedan sentirse un poquito como yo: señal de que tienen trabajo.

Y ANTE TODO.....
Publicar un comentario