viernes, 9 de octubre de 2009

Cosas de la caja tonta.

Me gusta mucho leer, es un hábito que tengo desde niña y creo que lo que más he lamentado en esta vida, es no tener suficiente tiempo (ni capacidad mental, por supuesto) para leer todo lo que quisiera. Me gustan mucho los escritores ingleses y rusos, de todas las épocas (no tengo preferencias de épocas: le hinco el diente a todo lo que esté en una hoja de papel impreso), sobre todo me gustan Tolstoy, Dostoievsky, Gogol, Pushkin, Lermontov, Jane Austin, las hermanas Brönte, W. Shakespeare, Dickens y, of course, Tolkien y Gk Chesterton.
En los libros de esos grandes escritores hay personajes que, según ellos mismos, sacaron de la vida ordinaria. Vamos, que retrataron al vecino, al caballero, a la dama y hasta el perro que les pasó por delante, aún cuando sus novelas parezcan eso: novelas, ficción.
Hay muchos personajes que son imperecederos, que perduran y creo yo, perdurarán en la memoria de los hombres mientras existan ojos para leer y cerebros para comprender.
Me voy andando por los cerros de Úbeda, dirán ustedes, lectores amigos, pues no, lo que pasa es que quiero poneros en antecedentes. ¿A veces no les ha pasado que, de pronto, sin buscarlo, se han encontrado con una persona que parece un personaje sacado de las plumas de esos escritores que antes he mencionado? ¿Quién no ha visto al bonachón y olvidadizo tabernero de El Pony Pisador? ¿O quién no se ha fijado en las formas de hablar o andar de un sacerdote que parece el mismísimo padre Brown?.
Pues este miércoles estaba en casa y escuché a mi madre y hermana muy alborotadas con un programa que transmitía la Primera de TV y me picó la curiosidad: puse mi tele y fui a ver de qué se trataba. Me quedé sorprendida, pues era un programa que hablaba de los ricos en España. De los muy ricos, para precisar. Y justo en ese momento salía una señora, muy aristocrática ella, vestida muy chic (¿?)(sinceramente, cuando dicen que una persona así es chic y tiene muy buen tipo, yo me alegro al mirarme en el espejo). Pues la señora estaba hablando de los pobres, los ricos y... de muchas otras tonterías.
Al final y es de lo quiero hablar desde el principio, le preguntaron si sabía de ricos que estuviesen pasando trabajo con esta crisis. Mi sorpresa vino cuando se puso a dar un discurso que sonaba así (esto es casi literal): Chica...yo conozco gente que la está pasando mal...porque cuando la gente es pobre...cuando siempre ha sido pobre...vamos, como que es normal la pobreza; pero una persona que siempre ha tenido...le es muy difícil bajar...tener que dejar su forma de vida. Sí...hay amigos míos que ahora lo están pasando mal.
¡Lo que oye y aprende una cuando le presta atención a la caja tonta!.
Y es que viendo a esa señora, con esa pose de aristócrata estirada me pareció ver a todas las madres que describía Jane Austin: fatuas y llenas de orgullo de casta, pero llorando pobrezas que no tienen. O esas mujeres que describía Dickens que no chismorreaban porque no se los permitía su alcurnia: sólo murmuraban. O esas otras que iban a la caza de una buena herencia y adoptaban poses de entendedoras de sociedad.
Bueno, qué se le va a hacer. Cada cual es como es. Lo que me irita de verdad es que, en un momento de crisis donde hay tantas familias viviendo con muy pocos recursos, se haga un programa sobre los ricos del país, justo con el dinero de todos los que no lo somos.
Pero así va España amigos, cada vez peor y muchos mirando hacia otro lado para no perder sus poltronas.
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