lunes, 5 de octubre de 2009

Témporas de acción de gracias y petición.

Hoy ha sido una tarde bonita, de esas que me llenan profundamente y hacen que mi alma rebose de gratitud: hoy nos hemos reunido los miembros de la Escuela de Cursillos de Cristiandad de Huelva, en un pequeño retiro espiritual, coincidiendo con el Día (o Témporas) de acción de gracias y peticiones.
La alegría por visitar al Santísimo junto a mis compis, dándole gracias por todo el trabajo que se ha podido hacer en el curso que concluyó en junio. La alegría de escuchar al padre Juan Antonio hablarnos de la Eucaristía, del Año Sacerdotal y su reunión con otros sacerdotes y el Obispo, en oración por nosotros, porque todo salga bien, ha sido un regalo del cielo.
Hemos leído un poema-reflexión muy bonito, profundo y sencillo, como todo lo que sale de la boca del que alaba al Señor con sinceridad y hemos pasado un buen rato en oración personal con Dios: de tú a tú. Después se ha celebrado una misa emotiva en la que fuimos ofreciendo en el altar nuestros agradecimientos y peticiones.
En el rato de meditación personal he dado gracias a Dios por haberme concedido tantas cosas buenas en la vida que, a veces, ni les tengo en cuenta, como el poder trabajar en lo que me gusta, el tener un esposo que me quiere y al que quiero, la fuerza para seguir adelante cuando pareciera que ya no hay más horizontes. Le he dado gracias por los amigos que me han sido concedidos, los que conozco personalmente y los que, aún sin verles, imagino sonriendo ampliamente cuando se dan una vuelta por mi blog, con sonrisas de amigos fieles, buenos, hermanados en la fe.
Le he pedido por todos , para que sigamos fortaleciendo nuestra amistad, para que aumente nuestra fe y amor por Él. Para que seamos uno con Él.
Y al final, encontré esta meditación, de Paul Hilsdale, basada en 2Co 5, 17-21, que creo que colma mis peticiones:
Si alguien está en ti, Cristo, él es una nueva creación:
el antiguo ser ha desaparecido y allí hay un nuevo ser.
Todo esto es un regalo del Padre Celestial, que nos ha reconciliado
consigo por ti mismo y nos ha dado el privilegio de llevar a otros
esta reconciliación, no teniendo en cuenta nuestras faltas;
y ha puesto en nuestros labios su palabra.
Ayúdanos a vivir de tal manera que podamos ser embajadores tuyos,
como si tu Padre exhortara por medio de nosotros.
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