viernes, 16 de octubre de 2009

De la Liturgia de hoy, el himno.

Cada mañana sales al balcón

y oteas el horizonte

por ver si vuelvo.

Cada mañana bajas saltando las escaleras

y echas a correr por el campo

cuando me adivinas a lo lejos.

Cada mañana me cortas la palabra

y te abalanzas sobre mí;

me rodeas con un abrazo redondo

el cuerpo entero.

Cada mañana contratas una banda de músicos

y organizas una fiesta para mí

por el ancho mundo.

Cada mañana me dices al oído

con voz de primavera:

hoy puedes empezar de cero.

Patxi Loidi
Magníficat, octubre 2009.




Así debemos sentirnos los cristianos: cada mañana Dios nos da una oportunidad para cambiar lo malo que hay en nuestras vidas y empezar de nuevo. Cada mañana podemos renovar el amor, la fe, la caridad; podemos vivir de modo diferente, sin lastres ni dolores. Porque el pecado "no tiene sustancia real, sólo puede ser conocido por el sufrimiento que causa, y ese mismo dolor es pasajero. Y mientras dura el dolor, debemos consolarnos en el sufrimiento del Señor" (Juliana de Norwich). Para eso entregó Jesús su corazón: para lavar nuestras culpas y saldar nuestras deudas. Hoy es un buen día para meditar en ello.

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