viernes, 6 de marzo de 2009

Dolor durante la Cuaresma.

Hoy estoy triste porque la enfermedad ronda a mi familia y me hace sentir la fragilidad de la que estamos hechos. Lo único que puedo hacer en estos momentos es ofrecer el sufrimiento a la Cuaresma y rezar para que la Pascua sea para ellos una resurrección personal en Cristo Jesús. Pensando en ellos, me he acordado de una oración profunda, escrita por Reinhold Nieburhn, en la que el abandono a la Voluntad Divina se hace desde el amor del hijo ante el Padre que sabe que no fallará:



"Concédeme, Dios mío, serenidad para aceptar lo que no se puede cambiar,


valor para cambiar lo que puedo cambiar,


y sabiduría para conocer la diferencia.


Vivir el día cada día,


disfrutar cada momento en su momento,


aceptar las dificultades


como camino hacia la paz;


tomar este mundo como es,


no como me gustaría que fuese.


Confiar en que todo lo harás bien


si me abandono a Tu voluntad,


que podré ser razonablemente feliz


en esta tierra


y sumamente feliz contigo


para siempre en la otra.




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