martes, 24 de marzo de 2009

Miércoles 25: Anunciación del Señor.

Ya quedan pocos minutos para celebrar la Anunciación del Señor y el Día del Niño por Nacer, así que les pongo este poema que me ha gustado mucho:


Nazaret, pequeña aldea,

¿quién pudiera imaginarse

fuera testigo secreto


de la llegada de un ángel?

Y en Nazaret, una joven

rosa mística del valle,

música eterna de Dios,

con arpegios celestiales.

Las cuerdas de su vivir

tan sólo para Dios tañen,

en un deseo profundo:

"Ven pronto, Señor, no tardes".

En un idilio de ensueño,

en el más bello romance,

el Arcángel y la Virgen,

la Virgen frente a un Arcángel.

"No temas, dulce María,

entre incontables millares,

Dios se enamoró de tí:

serás Virgen, serás Madre..."

"Soy la esclava del Señor..."

Y una lluvia mansa y suave

va impregnando de humildad

los campos, montes y valles.

Un sí total y fecundo

se escucha en tierras y mares,

un sí que llega a los cielos

y que sus puertas nos abre.

Y ante el hágase glorioso,

Dios ya es carne de su carne;

sangre caliente de Dios

bulle por su misma sangre.

El Infinito, el Eterno,

el que en los cielos no cabe

ha estrenado corazón

y para nosotros late.




Paquita Sánchez (Orar la Vida, marzo 2009)





Nadie duda de la belleza de la Anunciación: ese misterio de la fe que nos hace hijos de María porque somos hermanos de Jesús, Dios encarnado en hombre. Y aquí estamos en estos días, discutiendo de cuántas semanas debe tener un feto para asesinarle: no creo que en la actualidad hayan más dificultades que las que pudo pasar María, llevando en su seno un Hijo cuando aún "no conocía varón". ¡Eso sí es duro! ¿Qué hubiese sucedido si S. José no hubiese creído al Señor en su sueño?.

La vida en sí es un misterio, hermoso, difícil de entender, duro de bregar, lleno de escollos, alegrías, dolor. Todo cabe en la vida y existe desde que las células llevan la carga genética de los progenitores. Defendámosla, pues, en todos sus estadíos: seremos más humanos sencillamente.
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