martes, 12 de mayo de 2009

Mi día comienza.


Y Dios me mostró una cosa pequeña,

que cabía en la palma de mi mano,

algo redondo como una bolita,

no más grande que una avellana.

Lo contemplé,

tratando de descifrar qué podría ser.

Y Dios me dijo:

"Esto es toda la creación".

Yo estaba asombrada de que pudiera durar

y de que no se desintegrase repentinamente

haciéndose nada, pues era algo tan pequeño.

Y otra vez Dios me habló:

"Perdura, tanto ahora como siempre,

porque yo lo sostengo".

Y comprendí que todo tiene su ser,

debido al cuidado y al amor de Dios.

Necesitamos llegar a darnos cuenta

de lo insignificante que es la creación,

y verla tan poca cosa como es,

antes de comprender en el amor, al Dios increado.

No hallaremos descanso

para nuestro corazón o nuestro espíritu,

si lo buscamos en las cosas insignificantes

que no pueden satisfacernos,

y no en Dios, que es omnipotente,

omnisciente y amoroso.

Él es nuestro verdadero descanso.

Y él quiere ser conocido

y se complace en que descansemos en él.

Nada fuera de él puede saciarnos.

No podremos descansar,

hasta que no nos desprendamos de todo lo creado.

Cuando hayamos hecho esto por el amor de Dios,

que lo es todo, sólo así

seremos capaces de saborear el gozo espiritual.


Juliana de Norwich.
Publicar un comentario