jueves, 7 de mayo de 2009

Necesitamos a María.



Por mayores que seamos. Por muy avanzados que estemos en nuestra vida espiritual. Por muy experimentados que seamos seguimos necesitando del cariño, del amor, de la ternura, de la ayuda (y un largo etcétera) de nuestra Madre María Inmaculada.



Pensemos sólo en esta verdad: Jesús no nos ha dado a su Madre sólo por un día, sino para siempre. La Virgen María ha sido y es en todo momento nuestra Madre. Lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana. Y en el cielo aún la querremos más y mejor. ¡Dichosos nosotros!.


Pensemos con un corazón agradecido a Jesús, que nos dio a su Madre en la cruz para que fuera nuestra guía:



Guía de fe: basta recordar las palabras de Santa Isabel "Dichosa tú porque has creído". Y su fe le ha merecido el poder afirmar "bienaventurada me llamarán todas las generaciones". Fe en Jesús en la pobreza de Belén. Fe en Jesús en el sufrimiento de la cruz. Fe en la alegría de la resurrección.



Guía de disponibilidad: "Hágase en mí según tu palabra". La joven María de Nazaret está dispuesta a servir y cumplir siempre la voluntad de Dios. Huir a Egipto o quedarse en Nazaret. Ir al Templo o ir a Caná.


Guía de fidelidad: subió también María Madre la calle de la amargura y llegó al Gólgota. Su puesto: junto a la cruz. Allí está la madre más pura, más santa, más cariñosa, más fiel y más dolorosa. "He aquí a tu hijo".


Guía práctica: "Haced lo que Él os diga" No nos equivocaremos siguiendo los consejos de nuestra Madre, iluminada siempre por la luz y la sabiduría celestial de su Hijo. ¡Qué buenos consejos sugirió María a los primeros cristianos!.


Guía de pecadores: para enseñarnos el camino del retorno al Padre perdonador que siempre nos espera. Así María Madre nos abre el camino para que podamos ser auténticos Sembradores de Esperanza.




J. M. Casasnovas, s.j.
Carta mensual del APOR a los Sembradores de Esperanza


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