domingo, 24 de mayo de 2009

Punto de Encuentro

Séptimo Domingo de Pascua.





El que crea y se bautice se salvará. El anuncio del Reino que Jesús impone a los apóstoles en el momento de subir al Padre está acompañado de esta frase: "El que crea y se bautice se salvará". Es decir, la salvación consiste en aceptar a Jesús como enviado del Padre y en poner en marcha el estilo de vida de Jesús.


El estilo de vida de Jesús es camino inequívoco de encuentro con el Padre. Jesús sube donde está su Padre porque ha vivido colgado de lo que le escuchaba, de lo que Él quería que dijera y de los signos que mostraban cómo es Dios. Salvación es hacer el recorrido de la vida centrados en Dios y en los demás. Los caminos que se centran en uno mismo y olvidan a Dios y a los hermanos son caminos de egoísmo, no se salvación ni de apertura.


Tenemos que reconocer a nuestro lado la "salvación" que tanto hombres y mujeres hoy manifiestan, quizás de manera imperfecta, pero la manifiestan en su entrega y
generosidad de su vida abierta a otros.


En expresiones como "yo no voy a misa pero me desvivo por todos", "yo presto todos los favores posibles a la gente", "ya saben que mi casa está abierta para quien la necesite" etc. Tenemos que reconocer signos del Reino. Es cierto que son signos no perfectos en ocasiones, pero Dios se deja colar por ellos. Siempre que algo nos interroga en una persona porque "se sale del funcionamiento egoísta general", es un lenguaje nuevo. Para los creyentes debería ser el comportamiento habitual. Pero como en tiempos de Jesús podemos encontrar entre los "samaritanos" y entre los "que no están bautizados" sorpresas y apertura a Dios que no vemos dentro.




Nos apoyamos en las lecturas de hoy: Hechos 1,1-11; Efesios 1,17-23; Marcos 16, 15-20; Salmo 46.






Oye, Señor...

Cuentas con nosotros, Dios , para construir tu Reino,

para construir relaciones y encuentros,

para sanear el entorno laboral,

para inventar un ocio sano, que nos acerque,

para dejar de competir en esta loca sociedad,

para compartir nuestra vivencia de Ti,

para entusiasmar a los otros con tu proyecto,

para trabajar con pasión en todo lo que hagamos,

para inventar una vida de familia cálida y dinamizadora,

para impulsarnos a amar a todos fraternalmente.

Gracias, Señor, porque cuentas conmigo y con todos,

para escuchar el grito del hermano,

para salir de nuestros egoísmos y centrarnos en el otro,

para sosegarnos por dentro y ser descanso de los estresados,

para acompañar al que se siente solo,

para acariciar la historia de la gente con ternura,

para unirnos en la lucha por la justicia,

para que llenemos la rutina de chispa,

para hacernos amigos auténticoa de las personas,

para sanear nuestros amores y así hacernos amar más y mejor,

para que liberemos al que siente preso de las normas.

Amén.


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