lunes, 20 de abril de 2009

Punto de encuentro


Lunes de la Segunda Semana de Pascua.


Dios se vale de cosas pequeñas para remover grandes cosas. Cuando menos lo pensamos "salta" lo inesperado. Un día vamos a un grupo de oración "porque toca". No llevamos nada especia ni pensamos en nada especial. Sencillamente es una "reunión más del grupo". Pero, sin esperarlo, sin saberlo, sin tener razones para explicarlo, ese día la oración nos toca lo más íntimo del alma. Una palabra, un gesto, una frase, un silencio, un versículo del Evangelio nos llega al corazón y nos zarandea. Salimos diciendo que "algo nos ha pasado". Es decir, salimos diciendo que "Dios ha pasado por nuestra alma". Dios, cuando actúa, siempre actúa así: llegando al secreto de nosotros mismos donde guardamos las "cosas" que no queremos cambiar o que esperamos cambiar y no vemos el momento de hacerlo. Dios aparece ahí como el que nos da fuerza. Con Él es posible todo. Y el paso de Dios por nuestras secretas vías produce a la vez alegría y paz. Cuando sentimos la necesidad de cambios interiores y esto nos produce paz, es señal inequívoca de que Dios está presente. Hay algo de resurrección en esos momentos en los que vemos que lo imposible merece la pena afrontarlo porque "intuimos"que se nos da una fuerza especial para hacerlo posible. 


Nos apoyamos en las lecturas de Hechos 4,23-31; Juan 3,1-8; Salmo 2,1-9.






Oye, Señor...

Buen Padre Dios,
tú nos das la oportunidad de nacer denuevo,
de volver a seguir el camino correcto,
de abandonar hábitos negativos,
para reelegir los que producen vida.


Como Jesús murió en la cruz,
así nosotros podemos morir a la prisa,
a la intolerancia, a la injusticia, a la avaricia,
al desamor y al egocentrismo.


Tú nos envías tu Espíritu para conseguirlo.
Nos das pistas, Dios, para la vida plena,
para caminar hacia la felicidad propia y ajena,
para abandonar desamores y exigencias,
rítmos negativos y acciones poco sanas.
Tú quieres que vivamos la vida en abundancia.

(A partir del Evangelio de Juan)
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