lunes, 27 de abril de 2009

El "Período Especial".


Hace un tiempo que venía rumiando esta entrada porque me apetecía hablar de un período de mi vida en Cuba, pero no sabía cómo abordarla y hete aquí que, hablando con mi esposo, sale a relucir el tema.

Creo que todos recordarán por acá (aunque sinceramente, no se qué repercusión tuvo en la sociedad española) los años 80 en los países del bloque comunista del Este, pues fue un período plagado de "perestroicas" y recapitulaciones en todas esas sociedades "igualitarias" (sólo de nombre, porque después se vio cómo vivían los dirigentes comunistas).

Pues bien, en esa época, Cuba empezaba una nueva etapa llena de incertidumbres e interrogantes. Yo estaba en la universidad, apenas empezaba, y fue en esos momentos que se le ocurrió a Jimmy Carter abrir la mano y comenzar a dejar entrar en Cuba a los famosos Maceítos, primero, y después a los que llevaban 20-30 años sin poder entrar en la isla.

Así las cosas, ya empezábamos a saber (mi generación ignoraba casi todos eso productos hasta entonces) qué era un chicle, qué era la pasta Colgate, el jabón Maja y Henno de Pravia y, sobre todo, qué era un pituza (vaqueros, simplemente que los cubanos le cambiamos el nombre a todo).

Como podéis suponer, al final el "Fifo" cerró el grifo años después porque nos comía el "diversionismo ideológico". Cuando en el año 89-90 cayó el Muro, se cayeron del burro los Jaroselski, había muerto unos años antes, creo recordar, el camada Brezniez y le sustituyó Gorbachov con su glaznov, la cosa se puso "fea" de verdad en mi país: comenzó el Período Especial.

Los cubanos que pasen por aquí lo recordarán: 3 (tres) huevos/persona/quincena; un kilo de azúcar/mes; dos kilos de arroz/mes; leche sólo por debajo de los 7 años; carne sólo para los enfermos y una larga lista de privaciones, entre las cuales, la que más me dolía era la falta de todo tipo de detergente. Ni jabón de baño, ni de lavar ni de fregar. Recuerdo que en mi pueblo de adopción, Bahía Honda, estuve un mes entero bañándome con agua "para pelar pollos", esto es: hirviendo, por el complejo que tenía de apestar como un cosaco, pues me pasaba todo el día visitando pacientes o trasladándome al trabajo en una bicicleta y ¡no vean lo que se suda!

Sobre el año 91-93 cayó sobre nosotros, cual plaga bíblica, un hambre que no tuvo comparación con otros períodos de la historia reciente. En el pueblo comenzaron a desaparecer las aves, se comenzó una matanza ilegal de ganado (el poco que había, que era de los campesinos casi siempre) sin precedentes y llegó el momento de los felinos...sí señores, me refiero a los gatos, esos animales independientes y callejeros, peluditos y muchas veces, gorditos. En una ocasión hicimos un "enchilado" de conejos y se que comimos gato, lo que pasa es que no se podía distinguir. Y como lo que no mata...engorda...

Voy a poner una foto de una de las carnes que aprendí a comer en ese período. Es un animalito salvaje llamado jutía. Las hay de varios tipos, yo no las distingo; me las levó, congeladas, una paciente que vivía en las montañas. La pobre, me preguntó en la consulta si me gustaban y yo, por no hacerle el desaire, le dije que sí. A la semana siguiente se apareció con dos bichos enormes, congelados, con las cabezas y las garras aún (son como ratas gigantes) y yo tuve que saltar de alegría (lo que saltaba era de la impresión; pero ella se fue muy contenta). La verdad es que no podía rechazar nada de carne porque tenía una anemia que me estaba matando y pesaba 49 kilos (en 178 cm de altura). Era algo así como el muñeco de Fido Dido, en versión femenina.

Una vez ablandadas en la olla de presión y muy condimentadas (el que haya comido carne de caza sabe que es muy fuerte) invité a mis compis de la guardia y nos dimos una buena panzada. Así que resultó una bendición de Dios el regalo de la paciente.

Ahí van las fotos. Pueden encontrar muchas páginas en el Google que hablan de ellas:






Estas estan en libertad, las de abajo las saqué de una página que las vende como mascotas.







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