jueves, 2 de abril de 2009



Totus Tuus.



Soy todo tuyo y todas mis cosa

Te pertenecen.

Te pongo al centro de mi vida.

Dame tu Corazón, oh María.

Soy todo tuyo, María

Madre de nuestro Redentor

Virgen Madre de Dios,

Virgen piadosa.

Madre del Salvador del mundo.

Amen.









Hoy estamos recordando al Siervo de Dios (para muchos de nosotros, santo) Juan Pablo II, el Papa Grande, el Amigo de los jóvenes, el Peregrino, el de la Sonrisa hermosa, el Misericordioso, no se cuántos sobrenombres he encontrado. Creo que el amor que dejó tras de sí habla por sí solo: no dejó a nadie indiferente, no se dejó influir por nada ni nadie, luchó en la batalla social como el que más, y en la dialéctica; pero sobre todo, le recordamos por su humannidad, por su ejemplo de cristiano comprometido con los pobres y necesitados. Él reflejó en sí lo que dijo Jesús: "Vengo a sanar a los enfermos".

Su carismática personalidad, su dominio de los medios de comunicación y sus viajes apostólicos le hicieron cercano al mundo entero y hoy muchos le debemos haber despertado a la fe por su ejemplo de amor al prójimo, su capacidad para perdonar, su entereza para combatir la injusticia y su amor a la humanidad en general.
Sirva mi pequeño homenaje para honrarle y recordarle. A él encomiendo mucho de mis Rosarios, práctica que le era muy preciada, pues fue un hijo amoroso de María.
Más adelante pondré algunos de sus escritos y oraciones.
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